Dicamba, el herbicida de la discordia en los Estados Unidos

Mientras que en Europa la polémica sobre el uso de herbicidas lleva el nombre de glifosato, en Estados Unidos la atención se centra en las últimas semanas en un pariente muy cercano, el dicamba (ácido 3,6-dicloro-2-metoxibenzoico; principio activo utilizado en diversas marcas comerciales de herbicidas). También en el caso ahora de moda en el debate agroalimentario norteamericano, el centro de la escena está ocupado por gigantes agroquímicos como Monsanto.

Dicamba se ha utilizado desde finales de la década de 1960 en los campos, en aplicaciones previas a que las plantas salgan del suelo. Ahora Monsanto ha desarrollado semillas de soja y algodón genéticamente modificadas para tolerar el dicamba, una tecnología que las autoridades estadounidenses aprobaron en 2016. Es decir que este herbicida se puede aplicar en este tipo de plantaciones sin riesgo de que las variedades transgénicas sean afectadas (en cambio, si que mueren el resto de vegetales).

Estados Unidos también ha dado el visto bueno a nuevas versiones de dicamba destinadas a ser diseminadas en plantas adultas. Según los promotores de esta alternativa, se trataría de ayudar a los agricultores en algunas áreas en las que crecen hierbas que se han vuelto resistentes al glifosato, el herbicida más ampliamente utilizado.

A partir de este nuevo desarrollo basado en la variedades transgénicas resistentes al dicamba, el uso de este herbicida se ha disparado, y la polémica también.

El problema principal de este uso masivo es que cuando se rociaba dicamba en los campos en la primavera, los agricultores notaron que el producto a menudo se desplazaba a los campos vecinos; afectando en diversos grados a los cultivos que no estaban genéticamente modificados para resistir. Según la Agencia Ambiental de los Estados Unidos (EPA), los residuos de dicamba se han dispersado involuntariamente en más de 1,5 millones de hectáreas de soja. Los agricultores afectados hablan sobre el mal crecimiento de las hojas, pero aún no se conoce el impacto exacto en los rendimientos.

Los campos de tomates, sandías, melones, calabazas, verduras, tabaco, vides, incluso jardines privados o la producción de colmenas también se han visto afectados. En los últimos meses han sido presentadas un total de 2.708 reclamaciones de agricultores afectados por el dicamba.

Los agricultores que usan las nuevas semillas transgénicas de Monsanto asociadas con dicamba, en cambio, están contentos; sus campos no tienen tantas malas hierbas y los rendimientos de sus cultivos son mejores.

Los distribuidores de dicamba, con Monsanto y BASF a la cabeza, culpan a la dispersión del herbicida al mal uso por parte de los agricultores; y aseguran que el problema no existiría si se utilizaran solo las nuevas versiones de este producto herbicida y se siguieran las recomendaciones oficiales.

Algunos científicos y agricultores aseguran, por contra, que la naturaleza del producto está en cuestión. En opinión de estos sectores críticos, las nuevas versiones de dicamba han disminuido la volatilidad del producto -uno de sus problemas más conocidos- pero no han eliminado. Y dado que el herbicida se utiliza ahora en un período más avanzado de la temporada de cultivos los problemas parecen inevitables, según las voces críticas citadas por AFP.

Ante la creciente cantidad de reclamaciones, la EPA ha impuesto desde el mes de octubre nuevas limitaciones en el uso de dicamba; por ejemplo, prohibiendo su aplicación cuando los vientos soplan a más de 16 km por hora. La EPA espera ver cómo evoluciona la situación en 2018 para renovar o no la autorización de las nuevas versiones de dicamba.

Varios estados particularmente afectados tomaron medidas el pasado verano; incluyendo restricciones en Tennessee y Missouri. Arkansas fue más lejos al suspender la venta de dicamba el mes de junio pasado, y en el futuro podría prohibir su uso entre el 16 de abril y el 31 de octubre. 


Fuente: AFP / lavanguardia.com

Fecha de publicación: 17/11/2017

 


 

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