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Técnicos de la Eeaoc, precisaron métodos de aplicación y las combinaciones del caldo formulado. Ensayos con distintas plantaciones y zonas de producción.

Argentina: El productor citrícola tucumano maximiza los recursos a la hora de las pulverizaciones

La protección sanitaria es una de las principales preocupaciones de los productores citrícolas en Tucumán. Tradicionalmente, en nuestra citricultura, existió el hábito de realizar las pulverizaciones foliares terrestres con volúmenes elevados llegándose a emplear hasta 50 litros de caldo formulado por planta, para obtener muy buenos resultados, señalaron Hernán Salas y Dardo Figueroa, técnicos de la sección Fruticultura de la Eeaoc. No obstante, la dinámica de la actividad influenciada por diferentes factores, como costos de insumos (combustible, plaguicidas, etc), de mano de obra y la variabilidad de los precios de venta de fruta en las diferentes campañas, llevaron al productor a agudizar su ingenio en pos de hacer un uso más eficiente de los recursos. 

En este sentido, los métodos de pulverización empleados como también las dosis de los plaguicidas, fueron algunas de las variables que más modificaciones sufrieron. Desde mediados de los 90, con la irrupción en el mercado de máquinas pulverizadoras con un menor tamaño de gota y la reducción del volumen de aplicación por ha (unos 2.000 litros), muchos productores se vieron atraídos por este método y sin información disponible en cuanto a la dosificación de los plaguicidas, recurrieron a su uso con resultados dispares. 

Por otro lado, algunos técnicos y productores probaron el uso de las "turbinas" hidroneumáticas tradicionales pero reduciendo el caldo formulado por ha (entre 3.000 y 6.000 l/ha) y con diferentes dosis de plaguicidas. Considerando estas condiciones, se podría decir, como ejemplo, que actualmente existen métodos de pulverización en nuestro medio que van desde el uso de 2.000 a 10.000 litros de caldo formulado y si nos referimos al hidróxido de cobre como fungicida elegido, de 3 a 15 kg de por ha.

El Programa Citrus de la Eeaoc, desde 2005, lleva a cabo distintos ensayos para evaluar la performance de los diferentes sistemas de aplicación variando el volumen (2.000, 5.000 y 10.000 l/ha) y las dosis de pesticidas. El objetivo de los ensayos es conocer las virtudes y defectos de cada una de las opciones para que el productor pueda recurrir al uso combinado o alternativo en función de la situación particular de su quinta, que estará dada por la observación continua (monitoreo), la etapa del año en que se encuentre y el estado fenológico del cultivo. 

Estas pruebas se realizan con plantaciones de edad similar (mayor a 10 años) e idéntica combinación varietal en zonas con diferentes características agroecológicas, como Caspinchango (Monteros), El Sunchal (Burruyacu) y El Corte (Cruz Alta).

Si bien los parámetros que se evalúan hacen referencia al porcentaje de fruta con calidad comercializable como fresca y fruta para industria, de esta última se analizan las causas de descarte más importantes destacándose los daños por "ramaleo" (cicatrices por el roce del fruto con otros órganos de la planta por acción del viento), presencia de plagas (cochinillas, ácaros y trips) y enfermedades. En todos los casos, los plaguicidas usados fueron hidróxido de cobre como fungicida, abamectin y aceite mineral, estos últimos como acaricida e insecticida. Las aplicaciones se hicieron con una frecuencia mensual (octubre a enero), usando tanto el aceite mineral como el abamectin según la necesidad indicada por el monitoreo para plagas de las parcelas.

Según las mediciones, en todos los casos para el manejo de plagas los tratamientos de medio a alto volumen (5.000 litros o más por ha) ejercieron un mayor control, principalmente en la zona sur (Caspinchango) debido a la incidencia del trips de las orquídeas.

En cuanto al manejo de enfermedades, si bien es factible reducir el volumen de aplicación pero con un correcto mojado del sustrato, se debe mantener una cantidad mínima necesaria del fungicida para asegurar un adecuado control. 

Con presencia de "cancrosis", a mayor concentración del fungicida cúprico habrá un mayor control de la enfermedad independientemente del volumen utilizado. La incidencia de los daños por "ramaleo", en general, fue mayor en los tratamientos con alto volumen.

En base a estas observaciones, es factible planificar una estrategia conveniente que contemple posibles reducciones del volumen de caldo empleado en las aplicaciones de fungicida, previa calibración y observación de la calidad del mojado del sustrato. En el caso de necesidad de intervenir con un insecticida acaricida, hay que incrementar la cantidad de caldo formulado para asegurar el control de la plaga.
Fuente: afinoa.com.ar

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