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En julio llegaron las primeras cebollas con denominación de origen protegida

España: El año de la cebolla de Fuentes

El 2011 ha sido el año de la primera cosecha de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Cebolla Fuentes de Ebro, que llegó al mercado el pasado mes de julio y cuyas últimas unidades se están comercializando este año. Y sirve como metáfora de los últimos doce meses, pues si bien la economía está para llorar en muchos sectores, el agroalimentario, mal que bien, parece resistir algo mejor.

Cierto que a costa del sufrimiento de las pequeñas y medianas empresas, del esfuerzo de agricultores y ganaderos, de las bajadas generalizadas en ventas y precios. Pero al final hay que alimentarse y este tipo de consumo, aunque pueda redireccionarse hacia productos industriales y mucho más baratos, nunca dejará de existir.

Pero la producción de calidad, la de las denominaciones de origen protegidas, sí nota el descenso del consumo. Caen y sufren las dos DOP de aceite aragonés, la del Bajo Aragón y la neonata Sierra del Moncayo, igual que el melocotón de Calanda, inmerso en discusiones sobre el uso del topónimo, siendo más preocupante la situación del Jamón de Teruel, que ha experimentado un fuerte retroceso, al calor de la invasión de unos presuntos ibéricos, con precios que no soportan las bellotas. Mejor anda el Ternasco de Aragón, que ha consolidado imagen y presencia en la comunidad, por más que siga adoleciendo de mayor fuerza en el exterior.

Peor está la cosa en el mercado del vino. La caída de consumo es norma y, más allá de los intentos de exportación, normalmente a precios bajos, cuando no de risa, las bodegas compiten duramente por un mismo mercado. Se busca ganar la cuota de las otras, antes que buscar nuevos consumidores. Cae el consumo en restaurantes y bares, pero no crece en las casas, y beber vino sigue siendo un asunto de viejos. Eso sí, contamos ya con la primera bodega de pago aragonesa, Pago de Aylés, capaz de combinar precios sostenidos con calidad y diferenciación.

Poco puede escribirse de la acción del gobierno de Aragón en el sector, por estrenarse todavía, más allá de la administración de las enrevesadas relaciones con Europa, los pagos y los reglamentos. No hay dinero y supuestamente el futuro de las denominaciones en marcha, desde los quesos de Teruel al azafrán o la trufa, seguirá languideciendo en tanto no mejoren las economías.

Tampoco ha mejorado la presencia productos con C'Alial, carente de una imagen propia y diferenciada. La promoción, junto con la comercialización, siguen siendo las mayores carencias de nuestra producción agroalimentaria.

Aunque hay espacios para la esperanza. Se mantienen los mercados de proximidad; crecen las iniciativas locales para recuperar producciones y variedades; aparecen nuevos productores, que apuestan por la calidad; nacen y se consolidan tiendas especializadas. Hay futuro, otro, diferente, pero hay que trabajarlo y mucho.

Fuente: elperiodicodearagon.com

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