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Así llegaron las bananas éticas a Nueva Zelanda

Presentar cualquier producto nuevo a un mercado es todo un desafío. Crear una categoría completamente nueva de productos agrícolas frescos perecederos a precio premium es una locura.

All Good fue la primera compañía en ofrecer bananas de Comercio Justo cultivadas de forma ecológica en Nueva Zelanda, y así es como lo consiguió.

Chris Morrison es el cofundador de Phoenix Organics, que Charlie’s compró por 10 millones de dólares en 2005. Simon Coley había estado desarrollando y comercializando nuevos productos en 42 Below, que Bacardi compró en 2006 por 138 millones de dólares. Junto con el hermano de Chris Morrison, Matthew, que trabajaba en Hacienda, en 2008 los tres buscaban un nuevo desafío.

Chris Morrison había visto cómo la globalización había devastado el comercio de bananas del Pacífico, y cómo se estaban echando a perder unas bananas ecológicas perfectamente válidas en Samoa. Anteriormente, Simon Coley había trabajado para Greenpeace para ayudar a restablecer el comercio de bananas entre las islas de Barlovento y Gran Bretaña. Durante muchos años, las islas de Barlovento han permanecido estables política y económicamente gracias a su industria bananera.

Samoa era un caso parecido. Restablecer un mercado de exportación justo podría garantizar la independencia económica y la estabilidad de los productores de bananas.

Coley y los hermanos Morrison decidieron extrapolar a las bananas de Nueva Zelanda el movimiento ecológico y de comercio justo del café para recrear esta colaboración en el Pacífico. No cabía duda de que los neozelandeses elegirían las frutas frescas de sus vecinos de las islas del Pacífico.

No obstante, las frutas frescas que llegan a Nueva Zelanda deben fumigarse por cuestiones de bioseguridad. ¿Cómo vender todas esas bananas en el mercado en condiciones ecológicas óptimas? ¿Acaso los contenedores sellados y con control de temperatura podrían acabar con los insectos? ¿Podría evitarse la fumigación? Por desgracia, un escarabajo enorme salió volando del primer contenedor de All Good, directo a la cara del inspector.

La fumigación aniquiló cualquier esperanza de recibir la certificación ecológica y también hizo puré las bananas samoanas, así que All Good innovó. Deshidrataron y envasaron bananas samoanas antes de enviarlas a Nueva Zelanda. Después, contrataron al distribuidor de frutas de Comercio Justo AgroFair, de Ámsterdam (Países Bajos), para encontrar bananas frescas de otro origen.

Esta colaboración fue lo que les condujo hasta la Asociación de Pequeños Productores Bananeros El Guabo, de Ecuador, un grupo de 150 pequeños agricultores familiares que habían formado una de las primeras cooperativas de agricultores de comercio justo del mundo.

Sin embargo, había otro problema. All Good no tenía permiso para importar bananas de El Guabo a Nueva Zelanda. Una empresa de la competencia tenía un contrato exclusivo con la naviera.

"Había tres países de origen de las bananas aprobados por el Gobierno", explica Matthew Morrison. "Ya habíamos probado con Samoa, las Filipinas no tenían bananas de comercio justo y ahora no podíamos traerlas de Ecuador. Estábamos bloqueados".

Después de 18 meses, El Guabo amenazó con boicotear la naviera si no les permitían exportar bananas a Nueva Zelanda, a lo que la naviera cedió. All Good recibió su primer cargamento de bananas y disponía de 10 días para llevarlas del barco a los fruteros de los consumidores antes de que se pudrieran.

Para leer el artículo completo (en inglés), haga click aquí.



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