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Un repaso de los tres años de veto ruso

Los consumidores olvidan rápido, pero los agricultores siguen pasando apuros

En 2014, justo después del verano, las redes sociales fueron una potente herramienta para incrementar las ventas de peras en Bélgica. Los consumidores respondieron al importante golpe al que tuvo que hacer frente el sector en agosto de ese año, después de que Rusia cerrara repentinamente sus fronteras a, entre otros, las frutas y hortalizas europeas. El bombo publicitario se ha desvanecido, pero ha quedado el sentimiento de resquemor. En 2016, se perdió la oportunidad de llegar a un punto muerto y el veto siguió adelante. No obstante, este veto ha afectado tanto a los rusos como a los europeos, según quienes estudian esos efectos.



"Los políticos deben devolvernos a Rusia"
Las perturbaciones provocadas por el veto ruso todavía son evidentes en la región belga de Borgloon. Allí, una gran pancarta colocada cerca de la N79, muestra un grito de angustia a los políticos: "¡Los políticos deben devolvernos a Rusia". Esta pancarta se puede ver también, entre otros lugares, en la zona frutícola de Limburg meridional. Los comerciantes de fruta de pepita belgas han estado exigiéndolo, tal vez muy a su pesar, desde el verano de 2016. Este llamamiento a la acción no es un incidente aislado.



En 2014, se utilizó el hashtag #toffepeer para apoyar a los productores belgas de peras. El peerfie, es decir, tomarse un selfi con peras, tuvo mucho éxito y la pera recibió más atención que nunca. Estas protestas en internet y las muestras de apoyo a las manzanas comenzaron en Polonia. En un abrir y cerrar de ojos, el país de Europa del Este perdió su mercado de exportación más importante. En Polonia, un periodista fue el primero en escribir en Twitter #EatPolishApples. Los selfis de polacos comiendo manzanas se convirtieron en una enérgica protesta contra el veto.

En otros países, la situación ha estado más calmada. En los Países Bajos, se puso en marcha una pequeña campaña para promocionar los productos holandeses. Las cadenas de supermercados publicitaban los productos holandeses vetados para ayudar a los agricultores afectados. Sin embargo, estos pensaron que no servía de nada porque el mal ya estaba hecho. La página web Stichting Samen Sterk se creó para contrarrestar los efectos del veto, pero lleva desactivada ya unos dos años. En muchos otros países, no se emprendieron acciones para respaldar a los sectores afectados. Desde el principio, se pidió el apoyo a los políticos, pero no llegó.

Destrucción de productos y retiradas del mercado
Las consecuencias del veto fueron, en ciertos aspectos, las mismas en ambos bandos de esta guerra económica: inversión, destrucción (retirada del mercado) y otras rutas comerciales.

Inversión
El Gobierno ruso hizo una fuerte inversión en el cultivo de frutas y hortalizas nacionales. El veto le fue como anillo al dedo al plan de autosuficiencia del Kremlin.

Para contrarrestar parcialmente las enormes pérdidas del sector europeo, la Comisión Europea decidió introducir un paquete de medidas de ayuda. Los productores pudieron recibir compensación por retirar sus productos del mercado. Europa comenzó con un presupuesto de 125 millones de euros. Este dinero estaba destinado a absorber las pérdidas de exportación a Rusia. En septiembre de 2014, sin embargo, se hizo evidente que los países estaban declarando daños muy por encima del valor de exportación a Rusia. En especial Polonia fue acusada de ello y la UE suspendió esta medida. Una nueva versión de la medida de apoyo fijaba un volumen máximo por producto para cada país miembro. No a todo el mundo le satisfizo esta solución. Los productores holandeses, entre otros, dijeron que esta tarifa de compensación era inferior al precio de mercado y decidieron simplemente sacar sus productos a la venta. Aun así, la UE cuenta con un sistema de compra de la totalidad de la cosecha, aunque muy reducido, para la retirada del mercado.



Destrucción (retirada del mercado)
En cuanto se cerraron las fronteras, se abrió inmediatamente un mercado negro; las frutas y hortalizas se convirtieron en productos de contrabando. Este comercio ilegal sirvió de cierto alivio a los comerciantes europeos afectados. La ruta más común hasta Rusia atraviesa Bielorrusia. Allí, los productos europeos se convierten en bielorrusos. Los contrabandistas fueron agudizando su ingenio con el tiempo y Bielorrusia no fue el único país de origen. Otros países, entre ellos países africanos que apenas exportan frutas y hortalizas, empezaron a aparecer en las etiquetas.

Este crecimiento explosivo de productos procedentes de Bielorrusia, que resultaron ser los mismos que ya no se importaban de Europa, no pasó desapercibido, por supuesto. En 2015, se impuso un decreto presidencial: los productos importados de forma ilegal serían destruidos. Esto dio lugar a una interminable serie de informes del servicio fitosanitario ruso sobre la destrucción de productos. Además, no se dudaba en nombrar el país de origen real. En muchos casos, según el servicio, todavía era evidente por las etiquetas, los envases o los palés utilizados. Estos productos procedían principalmente de España (cítricos o fruta de hueso), Polonia (manzanas) y los Países Bajos (varios productos).


Crecimiento de las importaciones de tomates en varios países. En 2012-2016 (eje horizontal) y 2015-2016 (eje vertical), el incremento de las importaciones de productos de Bielorrusia fue notablemente alto. Haga click aquí para ampliar.

Retirada del mercado
La medida de la UE establecía la retirada de los productos del mercado. Los agricultores también tenían que elegir entre cosechar en verde sus productos o donarlos a un banco de alimentos u otra organización benéfica. No obstante, esta última opción hacía preguntarse si no se disturbaría el mercado.

Sea como fuere, los volúmenes retirados no se introdujeron en el mercado por los canales habituales. La fruta acabó como alimento para ganado o en la compostadora. En una ocasión, el producto se "extendió por el campo". Las imágenes publicadas en 2016 por un agricultor belga provocaron gran controversia, en especial por la comparación con las imágenes rusas de la destrucción de fruta importada de manera ilegal. En una imagen, se veían cientos de miles de manzanas y peras tiradas sobre un campo de Limburg, Bélgica, a la espera de ser destruidos.

Flujos comerciales
En los mercados rusos también se produjo un deterioro tras la pérdida de las importaciones europeas. Inmediatamente después del cierre de las fronteras, varios países de todo el mundo quisieron aprovechar el hueco dejado en el mercado. Muchos competidores europeos, aparte de los países latinoamericanos que exportan de forma directa, se beneficiaron de la situación. Marruecos, Turquía, Egipto, Israel y varios países Asia central y el Cáucaso aprovecharon la oportunidad en el enorme mercado belga. Debido a la caída de los precios del petróleo, el rublo entró en una espiral descendente, lo cual supuso un inmenso riesgo para estos nuevos exportadores. Cuando el precio del petróleo se recuperó, también lo hizo el rublo.

Los belgas perdieron un importante mercado para la pera, Polonia perdió su mayor mercado para la manzana y España perdió un mercado importante para los cítricos, los caquis y los tomates. Para recuperarse de la pérdida de Rusia, cada país buscó, por su cuenta, nuevos mercados para sus productos, que encontraron, entre otros países, en la India y en Canadá. También China se tuvo en cuenta, pero penetrar en este mercado requiere paciencia. En poco tiempo, los mercados europeos se vieron inundados de fruta de pepita polaca, lo cual perturbó el mercado en 2014.

2016
El verano de 2016 es, en retrospectiva, el momento en el que fue posible un cambio importante. El ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, nombró 2016 "el momento de la verdad" para Europa. La UE revisa sus sanciones cada seis meses, cuando se decide con una votación si se extienden las medidas contra Rusia. En el preludio de la votación de 2016, este tema aparecía en la agenda parlamentaria de varios países. Grecia, azotada por la crisis del euro, coqueteó abiertamente con el régimen ruso. Los griegos no fueron los únicos que se oponían a las sanciones. Algunos políticos italianos y españoles también expresaron sus críticas a las sanciones. Francia y Alemania también cuestionaron la prolongación de las sanciones, y los políticos alemanes se opusieron abiertamente.

No obstante, los llamamientos no fueron escuchados y las sanciones se prolongaron otros seis meses. Rusia respondió ampliando el veto.



Los resultados de la guerra económica
¿Qué han conseguido estas sanciones después de tres años? La respuesta corta es: nada. Las sanciones europeas, impuestas como represalia a la interferencia de Rusia en el conflicto ucraniano, no consiguieron ponerle fin. A pesar de los acuerdos alcanzados en Minsk, que pretendían llevar a un alto el fuego en el este de Ucrania, la lucha siguió adelante. El hecho de que los países europeos relacionen el fin de las sanciones a la puesta en práctica de los acuerdos de Minsk y el regreso de Crimea a Ucrania, hace dudar de que se ponga fin a la guerra económica en el corto plazo. No se ha hecho ningún intento de concluir el conflicto en el este de Ucrania. El presidente Putin tampoco habla de la anexión de Crimea, sino de unificación. Esta elección de palabras refleja exactamente lo alejadas que están las partes entre sí. El banco holandés ABN AMRO ha llegado a la conclusión de que no son las sanciones las causantes de los problemas de Rusia, sino más bien la caída de los precios del petróleo, que tuvieron un mayor impacto en la economía rusa.

Rusia siempre ha visto el veto como una represalia a la política europea de sanciones económicas. El Kremlin ha dicho una y otra vez que solo considerará el fin del veto si la UE levanta las sanciones. Los estudios han concluido que los consumidores rusos se han adaptado al nuevo surtido que ofrecen los supermercados. Las sanciones y el veto llevan un tiempo sin ser tema de conversación y esta tendencia cambia con cada ampliación. Justo antes del verano, Europa amplió las sanciones hasta final de año, cuando se volverá a deliberar sobre la ampliación. La respuesta de Rusia fue prolongar su veto un año, por lo que estará vigente hasta que acabe 2018.

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