"El consumidor está cada día más preocupado por la calidad y seguridad de lo que consume"

Bioplaguicidas para una agricultura más sostenible

“El consumidor está cada día más preocupado por la calidad y seguridad de los alimentos que consume, y en este sentido existe un rechazo generalizado al empleo de plaguicidas de síntesis química en la producción de alimentos tanto por su potencial carácter nocivo para la salud como por el impacto ambiental que conlleva la fabricación de estos”. Así arranca Alicia González, investigadora de la Estación Experimental Cajamar, un artículo que analiza las claves del uso de plaguicidas con seguridad.

A su juicio, esto se ha transmitido a toda la cadena productiva del sector agroalimentario, por lo que cada vez se reduce más el empleo de plaguicidas químicos y se sustituyen por bioplaguicidas y sistemas de control biológico que permitan alcanzar una mayor seguridad y sostenibilidad alimentaria.

Sin embargo, las herramientas de control biológico disponibles hoy día deben ser continuamente mejoradas tanto para mejorar su efectividad como para hacer frente a nuevos fitopatógenos que vayan surgiendo. Los bioplaguicidas se utilizan principalmente como medidas preventivas frente a fitopatógenos en plantas, controlando las plagas por mecanismos no tóxicos y de manera ecológica.

Actualmente los bioplaguicidas disponibles en el mercado proceden principalmente de extractos de plantas, algunos productos de fermentación y microorganismos, pero no existen productos derivados de cianobacterias a pesar de que estos microorganismos han sido ampliamente referenciados como productores de bioplaguicidas frente a insectos, hongos y bacterias.

La necesidad de un suministro continuo de alimentos ha llevado a la agricultura convencional a ser fuertemente dependiente de los productos de síntesis química. La creciente preocupación de los consumidores y los gobiernos sobre la inocuidad de los alimentos ha llevado a los productores a explorar nuevos métodos ecológicos para reemplazar, o al menos complementar, las actuales prácticas basadas en productos químicos.

El uso de bioplaguicidas ha surgido como una alternativa prometedora a los pesticidas químicos. Los granos y las semillas oleaginosas y las frutas y verduras son los segmentos de cultivos importantes que impulsan el crecimiento actual del mercado de bioplaguicidas; sin embargo, hay una tendencia ascendente para el uso de bioplaguicidas en la silvicultura.

Según la FAO la población mundial crecerá un 39% en 20 años, hasta los 9.100 millones en 2050. Para proporcionar los alimentos será necesario incrementar la producción mundial en un 60%. La agricultura debe afrontar un doble reto, ser más productiva y reducir su impacto sobre el medio ambiente. En este contexto, el uso de biopesticidas para el control de plagas y enfermedades en los cultivos aparece como una alternativa todavía más necesaria frente a los pesticidas químicos convencionales por sus efectos nocivos en la naturaleza y la salud de las personas.

Si bien su uso no es demasiado complicado, la aplicación de algunos bioplaguicidas puede requerir un alto nivel de conocimiento de las enfermedades y los patógenos a controlar. Al igual que con cualquier programa de control de enfermedades, el momento adecuado y la aplicación son esenciales.

Uso de cianobacterias para el agro
Las cianobacterias son microorganismos unicelulares y agrupaciones celulares fotosintéticas, con una amplia diversidad y distribución en el mundo. Las cianobacterias son bien conocidas por producir una variedad de metabolitos secundarios, incluidos compuestos antialgas, antifúngico, antivirales y citotóxicos.

Estos compuestos bioactivos pertenecen al grupo de los policétidos, amidas, alcaloides, ácidos grasos, indoles y lipopéptidos. Diversos investigadores han demostrado que varios compuestos procedentes de determinadas cianobacterias y microalgas muestran actividad antifúngica contra varios hongos patógenos de plantas. Con esta idea comienza el proyecto ALGAE4CONTROL, “Producción de bioplaguicidas a partir de cianobacterias para su uso en agricultura”, con una duración de 3 años, para desarrollar formulaciones bioplaguicidas basadas en el uso de metabolitos antimicrobianos procedentes de cianobacterias (microalgas).

Fuente: diariodealmeria.es


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