El huerto de Todolí consiguió parar un plan urbanístico

España: Un huerto de 400 variedades de cítricos ancestrales en extinción

Un Huerto Botánico y Citrícola que ocupa una finca de 45.000 metros cuadrados, es donde Todolí cultiva tres plantas de cada una de las 400 variedades seleccionadas. 

El antiguo director de la Tate Modern de Londres, Vicente Todolí, reivindica la tradición hortofrutícola de su tierra valenciana. En su Huerto Botánico y Citrícola reúne más de 400 variedades ancestrales, exóticas o en peligro de extinción. Con ellas consiguió parar un plan urbanístico.

Los siglos pasan, pero la fascinación que ejercen los cítricos ante los ojos –y las pituitarias– europeos no cesa. Fue Alejandro Magno el primero que sucumbió ante el encanto, y los saludables beneficios, de los frutos de los arbustos de la familia de las rutáceas, originarios del Extremo Oriente. En sus campañas contra el imperio persa, en el siglo IV a.C., el conquistador macedonio se topó en Media –actual Irán– con el cidro (Citrus medica), progenitor de buena parte de los cítricos que se consumen en la actualidad, y lo introdujo en la cuenca mediterránea.

El griego Teofrasto (371-287 a.C.) fue entre los autores clásicos uno de los primeros en referirse a la cidra: "La manzana médica no se come, pero huele muy bien, al igual que la hoja del árbol. Y si se coloca entre las ropas, las protege de la polilla. Es también útil cuando alguien ha ingerido algún veneno mortal; si se administra junto con vino provoca el vómito y permite la expulsión del veneno; sirve también para perfumar el aliento...".

Los renacentistas italianos heredaron la pasión cítrica de griegos y romanos: en 1537, cuando el poderoso Cosme I de Medici heredó la Villa di Castello -el retiro rural de la familia en las afueras de Florencia-, estableció en sus jardines una amplia colección de cítricos. Muchas familias nobles le imitaron, poniendo de moda lo que los italianos denominaron limonaie y que en el resto de Europa se conoce como orangeries. "Pero tanto en el norte de Italia como en Francia, a causa del clima, los cítricos de estos jardines se cultivaban en macetas: en primavera se sacaban las plantas al exterior, pero con la llegada de los primeros fríos las resguardaban en construcciones concebidas para tal fin".

Siguiendo la estela de Alejandro Magno y los Medici, el reputado experto en arte ha llevado su pasión por cidras, kumquats y limones gigantes al extremo, para crear en su Palmera natal el Huerto Botánico y Citrícola El Bartolí, donde conviven nada menos que 400 variedades de cítricos. "Y que cultivamos al aire libre, no en macetas como se hacía en las antiguas orangeries. Son las ventajas del clima valenciano", explica.

Fuente: http://www.expansion.com


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