En Italia ha provocado pérdidas de 37 M€ en 2019

La chinche asiática invade Europa ante la falta de soluciones fitosanitarias permitidas

La chinche asiática (Halyomorpha halys), también conocida popularmente como la chinche apestosa marrón, es un insecto de origen asiático que fue detectado por primera vez en España en 2016, aunque ya había sido detectado en otros países de Europa desde 2004, cuya proliferación plantea una amenaza muy grave para los cultivos.

En España se distribuye, de momento, solo en Cataluña y se encuentra todavía en las primeras fases de invasión. Sin embargo, la administración catalana ya está en alerta y ha desarrollado diferentes iniciativas para tenerlo bajo control.

En la primavera los insectos salen de la fase de hibernación y comienzan a aparearse. Se trata de una especie muy polífaga, de gran flexibilidad alimenticia. Si no se detiene su crecimiento, sus poblaciones llegan a zonas agrícolas con devastadoras consecuencias. En EE.UU. tardó 14 años en convertirse en la plaga más importante en la historia reciente, donde causó pérdidas de 37 millones de dólares en la fruticultura.

En Europa, Italia ha sido el primer país que ha sufrido las consecuencias de su agresividad. En menos de 10 años desde su entrada, la chinche asiática ha asestado un golpe letal a la fruticultura italiana dañando las producciones de manzana, pera, kiwi, melocotón, albaricoque, cereza, nuez e incluso maíz y soja con pérdidas hasta el 100%. En 2019, se estima que los daños han costado 250 millones de euros hasta la fecha.

Al ser una especie introducida, no tiene enemigos naturales que puedan controlar su desarrollo y, por lo tanto solo se puede llevar a cabo tratamientos fitosanitarios. Según la experiencia de control en los EE. UU., los organofosforados, piretroides y neonicotinoides son las sustancias más eficientes; no obstante, las autorizaciones de estos productos están cuestionadas en Europa.

Ante esta situación, la plataforma de gestión agrícola Nerthus defiende que la política europea es cada vez más restrictiva con el uso de productos fitosanitarios y pone a los agricultores europeos en una situación de creciente impotencia contra las plagas.

Tanto la reciente decisión de restricción de uso de los neonicotinoides como la posible prohibición de los últimos organofosforados del mercado como el metilclorpirifos, ponen de manifiesto que los Estados miembros de la UE están efectuando restricciones no justificadas, adoptando medidas protectoras ante la sospecha de riesgo grave para la salud o el medio ambiente sin que se cuente todavía con la prueba científica definitiva, asegura la plataforma de gestión agrícola.

La reglamentación preveía favorecer el desarrollo de soluciones alternativas a los fitosanitarios pero esas soluciones no llegan. Sin alternativas y con una política restrictiva, los agricultores europeos se enfrentan a graves consecuencias, según Nerthus. La primera es una pérdida de rentabilidad y la segunda un mayor riesgo de resistencias a los insecticidas debido a la reducción del número de productos.

 

Fuente: agroinformacion.com


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