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Los agricultores canarios buscan nuevas fórmulas de venta directa

“Al cerrar todo nos hemos visto con una producción grande y sin saber qué hacer con ella”

El cierre de los establecimientos del sector hostelero en España como medida para evitar la propagación del COVID-19 ha supuesto un duro golpe para las empresas y pequeños agricultores que abastecían a esos locales. En las Islas Canarias, como en otras regiones turísticas españolas, el impacto de esa medida ha sido significativo.

Tal como explica el presidente de la Coordinadora de Organizaciones Agrarias y Ganaderas (COAG) de Canarias, Rafael Hernández, los agricultores de las Islas tienen “muchas dificultades” para darle salida a su producción ante el cierre de los hoteles y negocios de restauración. En la misma situación se encuentran “aquellos que se dedican al cultivo de flores”: la Asociación de Cosecheros de Flores y Plantas Vivas de Canarias avisa que se podrían quedar en la calle más de 1.400 floricultores.

El secretario general de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA) en Canarias, Mario Escuela, añade que en el sector hay muchos productores que “no saben qué hacer con la cosecha”, mientras en las grandes superficies las ventas han subido de forma “bárbara”. Asimismo, el cierre de los mercadillos municipales ha supuesto la eliminación de un canal alternativo para la venta de su producción, por lo que en esta situación, muchos agricultores canarios han optado por realizar ventas directas a domicilio.

Una de las afectadas es Alejandra Núñez, que comenzó a dedicarse a la agricultura hace casi cuatro años. En una hectárea que tiene en Agüimes, planta lechugas, rúcula, espinacas, cebolletas, cebolla, puerros y perejil. Hasta hace dos semanas, vendía en mercadillos municipales o en bares y restaurantes, aunque también hacía venta a domicilio. Ahora, mientras sigue ejerciendo su actividad, se ha visto obligada a “incrementar” los canales particulares y recorre la isla de Gran Canaria cada día porque es la única medida que tiene a su alcance para poder continuar con su producción, aunque reconoce que mucha cosecha “no tendrá salida”.

En la misma tesitura se encuentra Camilo Álvarez, productor de melones y sandías, quien tiene 200.000 kilos y no sabe qué hacer con ellos. Álvarez vendía el 90% de la fruta a hoteles y restaurantes y el 10% restante lo destinaba a la exportación, a Inglaterra y Países Bajos. “Al cerrar todo nos hemos visto con una producción grande y sin saber qué hacer con ella”, afirma Álvarez. Aunque ha tratado de acudir a las grandes superficies, dice que no le compran.

“Estoy pensando repartir melones y sandías a los bancos de alimentos para no tirarlos”, lamenta.

 

Fuente: eldiario.es


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