El coronavirus pone de manifiesto la fragilidad del sistema alimentario global

Desde el inicio de esta crisis del coronavirus, que ya se ha expandido a nivel mundial, la mayor preocupación para la población ha sido la garantía del abastecimiento de alimentos. A pesar de que los gobiernos lanzan mensajes tranquilizadores, el coronavirus ha sacado a la luz la fragilidad del sistema alimentario global.

La realidad es que tanto España como Europa tienen una extraordinaria dependencia de los mercados exteriores y de la importación de alimentos, y no solo eso, sino que se basan en la mano de obra inmigrante, en muchas ocasiones precarizada y que ahora por el cierre de fronteras no puede llegar. Unos hechos que comprometen buena parte de la campaña de recolección de fruta, lo cual muestra que la exposición del sistema alimentario comunitario es muy alta.

Casi una cuarta parte de la afiliación a la seguridad social del régimen especial agrario es de nacionalidad extranjera. En algunas zonas, como Huelva, Almería, Murcia o Albacete, ese porcentaje sube al 40% y en zonas hortofrutícolas y temporadas concretes depende hasta el 90% de temporeros y temporeras que se desplazan. Tanto así que en Alemania ya han sonado las alarmas de que, debido al cierre de fronteras, la cosecha de fresa y espárrago ya está en peligro.

En realidad este sistema se basa en petróleo barato, en los llamados alimentos kilométricos que recorren una distancia media de 5.000 km antes de llegar al plato de los consumidores. Puede existir la tentación de asociar los alimentos kilométricos a los llamados exóticos, pero en realidad esos productos son minoritarios en el ir y venir alimentario español o europeo. De hecho, se pueden encontrar alimentos tradicionalmente locales que cada vez vienen de más lejos (garbanzos, lentejas, trigo, naranjas, manzanas, uvas, melones, etc.). En los últimos 10 años, la importación de alimentos en el Estado español ha crecido un 66%

Si nos situamos, por ejemplo, en Barcelona, a través de los kilómetros recorridos por 4 productos –manzanas, uvas, arroz, patatas– hemos dado casi una vuelta al mundo (39.000 km), cuando en realidad todos estos productos se podrían encontrar en un radio de menos de 100 km de la ciudad.

Llegados a este punto, sería necesario poner el debate sobre la mesa y debatir, si es verdad que este sistema actual, globalizado, realmente es tan seguro, o hay una buena parte del mensaje que descansa en un marco ideológico neoliberal, pues se sabe que los sistemas alimentarios locales, más territorializados y basados en mercados internos y locales son más resilientes y claves para lograr la seguridad alimentaria de la población y luchar contra el cambio climático.

Cuando termine esta crisis, van a tener que cambiar muchas cosas y una de ellas debería ser recuperar la soberanía alimentaria y apostar de una vez por sistemas alimentarios locales.

 

Fuente: nuevatribuna.es


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