El sector español de la patata encara una campaña llena de incógnitas

Los productores de patatas de Castilla y León, la región con mayor superficie y volumen de patata producida en España, encaran una nueva campaña llena de incógnitas, en la que los posibles efectos del coronavirus en el mercado durante el segundo semestre del año y la prohibición de uso del CIPC en la fase de conservación, pueden poner en riesgo la rentabilidad de un cultivo que requiere elevadas inversiones por parte de agricultores, almacenistas y cooperativas.

Después de dos años en los que el precio ha acompañado y los retornos han sido positivos para el conjunto del sector, el cierre del canal horeca y de determinados servicios de restauración colectiva como consecuencia de la propagación de la pandemia, estaría forzando ventas de patata de conservación muy por debajo de los costes de producción, en torno a los 0,05 euros por kilo según las fuentes consultadas. Antes del confinamiento, las patatas cotizaban a precios en un rango entre los 0,23 y 0,27 euros/kg en Valladolid y Segovia.

Por ese motivo, en estos momentos la incertidumbre sobre los precios de las patatas la próxima campaña es máxima y, según destacan desde el sector, la clave va a residir en cómo finalicen las campañas de patata temprana en las zonas de Sevilla, Málaga y posteriormente en Albacete; aunque todo va a depender de la reapertura de la hostelería, principal destino de la patata producida en Castilla y León. Por el momento, el producto se paga en origen a 0,45-0,50 euros/kg en Andalucía y Cartagena en lo que respecta a las variedades con calidad de lavado, mientras que la Agria nueva se movería en estas zonas en el entorno de los 0,38-0,40, valores que entran dentro de lo normal en estas fechas.

La prohibición a partir del próximo mes de octubre de la materia activa clorprofam (CIPC) es otro de los factores que afectarán al sector de la patata, en este caso, al de la conservación. Este antigerminante tendrá que ser sustituido por otros productos ya en esta misma campaña. Las alternativas que se manejan son las basadas en el aceite de menta y el etileno, dos opciones que según los profesionales consultados "no ofrecen la misma eficacia" que el CIPC y además resultan "más caros".

El sobrecoste, necesario para poder ofrecer patata desde el mes de octubre en adelante a las industrias de transformación para la elaboración de snacks, patatas fritas o tortillas congeladas, tendrá que ser asumido este año por la mayoría de las empresas y cooperativas que se dedican a la conservación de la materia prima. El gerente de Prodeleco estima que este coste añadido por la imposibilidad de emplear el CIPC "supondrá entre 4 y 5 euros por tonelada" de patata almacenada.

 

Fuente: interempresas.net


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