España: La pera, un cultivo en peligro de extinción en Extremadura

La superficie dedicada al cultivo de peras en Extremadura ha sufrido una disminución notable en las últimas décadas, pasando de ser uno de los principales cultivos frutícolas para los agricultores de los pueblos de colonización, como Valdivia, Gargáligas, Los Guadalperales o Zurbarán a los cuales les proporcionaba los árboles el Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario por su idoneidad para el terreno, a un cultivo minoritario en peligro de extinción en la región.

De hecho, el peral ha sufrido en las últimas décadas un retroceso continuado ocupando en la actualidad 19.898 hectáreas a nivel nacional, muy lejos de las 36.200 hectáreas de 1985. En Extremadura la cifra es aún menor y se sitúa en un 2,5% del total de superficie frutícola cultivada en la actualidad.

En el municipio pacense de Los Guadalperales apenas quedan tres agricultores que aún continúen produciendo peras, y pocos más en los pueblos próximos, "prácticamente porque no se pierda el cultivo y casi por sentimentalismo porque son árboles muy longevos", cuenta Eusebio Sanz, un fruticultor que terminó hace unas semanas de coger la cosecha de 600 perales.

Se trata de árboles que tienen más de 50 años. Lo recuerda Manuel Gómez, ya jubilado y dueño de dicha explotación que plantó en el año 1967, "y desde entonces nunca han dejado de dar peras", reconoce. Él nunca se ha planteado deshacerse de ellos, pero no pensaron lo mismo el resto de agricultores de la zona hace unos diez años, cuando se produjo el arranque masivo de estos árboles, a consecuencia de la afectación cada vez mayor de fuego bacteriano en árboles de pepita (peral, membrillero y manzano). En 2009 unas 160 hectáreas fueron arrancadas y sus restos vegetales, destruidos, ya que no hay solución de tratamiento químico. En aquel entonces, la consejería de Agricultura ofreció indemnizaciones medias de 12.000 euros la hectárea. Muchos agricultores se acogieron a ella y optaron por especies de hueso como melocotón, ciruela o nectarina.

"Mi explotación estaba muy poco afectada y yo decidí no arrancar los perales", cuenta Manuel, que ahora no se arrepiente de haberlo hecho "a pesar del trabajo que nos daba cada año y el coste que suponía, sobre todo por los problemas para el control de plagas como la psila en variedades como Ercolini", cuenta.

Eusebio cree que la psila fue el verdadero motivo por el que los perales fueron desapareciendo de los campos, porque aunque esta fruta se vende algo más cara que otras, el manejo, la mano de obra o los tratamientos costosos que requieren hacen que al final sean lo mismo de rentables que ciruelas o nectarinas. A ello se une que el peral tarda en dar fruto entre cinco o seis años, cuando otro tipo de frutales "en tres años puedes estar cogiendo entre el 80 y 90% de la producción", añade Eusebio Sanz, partidario de seguir manteniendo cultivos de siempre, como el peral.

 

Fuente: hoy.es


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