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Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en América Latina y el Caribe

“Ayudar a los pequeños agricultores a enfrentar los efectos del cambio climático es crucial"

En el mundo, 1.500 millones de personas viven o trabajan en pequeñas unidades de producción agrícola y, a menudo, no pueden costear las tecnologías avanzadas que les ayudarían a lidiar con las consecuencias de una de las mayores amenazas que enfrenta su actividad: el cambio climático.

Una de ellas es Sonia Gómez, una agricultora de la provincia costarricense de Cartago, en las faldas del Volcán Irazú, que ha sufrido los estragos de las sequías y lluvias intensas impulsadas por el calentamiento global en sus cultivos orgánicos de chiles, tomates y zanahorias.

Sin embargo, con la ayuda del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Gómez está superando ese desafío. Este año, su finca La Sanita se convirtió en una finca modelo que muestra soluciones de bajo costo, amigables con el medio ambiente, diseñadas para ayudar a los agricultores a adaptarse a un clima cambiante. Ahora, la finca cuenta con un banco de semillas, un sistema de riego y otras medidas de adaptación.

Este esfuerzo es parte del proyecto Microfinanzas para la Adaptación basada en Ecosistemas (MEbA) del PNUMA, que se implementa en Costa Rica junto con la organización microfinanciera Fundecooperación para el Desarrollo Sostenible.

“Ayudar a los pequeños agricultores a enfrentar los efectos del cambio climático es crucial para combatir la pobreza, garantizar la seguridad alimentaria y preservar la biodiversidad que nos proporciona recursos vitales. El apoyo de instituciones financieras es clave para transitar hacia una agricultura más sostenible y resiliente”, dice Leo Heileman, director regional del PNUMA en América Latina y el Caribe.

América Latina y el Caribe es una de las regiones del mundo que produce menos emisiones de carbono y sin embargo es una de las más vulnerables a los eventos climáticos extremos. Esto es especialmente cierto en el llamado Corredor Seco de Centroamérica, una franja que incluye partes de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá.

En esta zona, donde más de 2 millones de personas dependen de la agricultura de subsistencia, las temperaturas podrían subir hasta los 7 °C a fines de siglo según algunas proyecciones, lo cual alteraría drásticamente los patrones climáticos.

Desde 2012, el proyecto MEbA del PNUMA ha prestado asistencia técnica a instituciones financieras para el desembolso de más de 29 millones de dólares destinados a pequeños productores de Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Perú y República Dominicana.

El proyecto ha facilitado que estas instituciones financien más de 30 medidas de adaptación, como la apicultura o la silvicultura. Tal es el caso de dos nuevos productos crediticios de Fundecooperación que promueven la agricultura y la ganadería climáticamente inteligentes.

 

Fuente: iagua.es


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