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Las máquinas de "vending" agrícola prosperan en Francia

Debido a que el negocio de la venta de barritas de chocolate a los trabajadores de las oficinas ha fracasado por la crisis de la COVID-19, los fabricantes franceses de máquinas de vending han acudido a los expertos en crecimiento: los agricultores. Y para los agricultores que quieren llegar de manera directa a los consumidores, las máquinas de vending ofrecen una vía para cubrir una nueva demanda y respetar las normativas sanitarias.

Estas máquinas han estado apareciendo a lo largo de carreteras y cerca de explotaciones agrícolas, y uno de los principales beneficiarios ha sido Le Casier Français, que se ha visto desbordado por la demanda y que espera duplicar los 1,2 millones de euros en ventas que registró el año pasado.

Esta pequeña firma de 22 empleados tiene sede en el norte de Francia y diseña y construye máquinas de vending, incluidos modelos frigoríficos conectados a internet. Desde que la crisis del coronavirus empujó a Francia a decretar el primer confinamiento en marzo, la empresa ha vivido un florecimiento.

"Recibimos una docena de consultas diarias", afirma el director de la empresa, Manuel Moutier.

Ingresos rápidos
No obstante, no todas las consultas se traducen en un pedido, y lleva tiempo concretar un proyecto que, con frecuencia, incluye financiación bancaria.

Pero Moutier dice que ahora tienen "nuevos clientes, como empresas de restauración colectiva y tiendas de delicatessen, para poder ofrecer platos a cualquier hora".

Un centenar de casilleros de Le Casier Francais cuestan entre 40.000 y 50.000 euros. Es una inversión considerable, pero, según algunos productores, se recupera sola.

Benoit Soufflet, que cultiva hortalizas a las afueras de la ciudad septentrional de Lille, instaló una máquina con 60 casilleros a principios de julio.

"En tres meses ya recuperé los 30.000 euros invertidos", dice, gracias a los 10.000-15.000 euros ingresados cada mes. "Nuestras plantaciones están situadas junto a un supermercado, y mucha gente para y pregunta para comprar una lechuga o un manojo de rábanos, y eso nos dio la idea", añade.

Si antes Soufflet trabajaba sobre todo con mayoristas, ahora las máquinas de vending suponen el 30-40 por ciento de su volumen de ventas. Parte de ello podría deberse a que Soufflet, al prescindir del intermediario, puede ofrecer sus productos directamente a los consumidores a un tercio de los precios de supermercado.

"Mejor que una tienda agrícola"
"No me esperaba esas ventas, funciona mejor que nuestra tienda agrícola", asegura Marie Froment, que instaló una máquina de vending con 88 casilleros junto a su explotación en Thun-Saint-Amand, un pueblo de 1.100 habitantes cerca de la frontera con Bélgica. "Con la COVID, la gente prefiere usar la máquina de vending que ir a la tienda", añade.

Pero no siempre es fácil instalar máquinas conectadas en las zonas rurales. "En ocasiones hay problemas con la conexión 4G", dice Mathieu Lucas, que cultiva en Bailleul-le-Soc, a alrededor de una hora al norte de París. Tener una máquina conectada que acepte pagos con tarjeta es importante no solo para los clientes, sino también para disuadir a quienes quieren hacerse con un poco de efectivo.

Fuente: FMT


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