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Las flores comestibles se abren paso en la gastronomía tunecina

Sonia Ibidhi, una experiodista tunecina de 42 años, cambió de vida y decidió instalarse en Tabarka (noroeste de Túnez) para hacer realidad su sueño: producir flores comestibles, un producto novedoso y, poco a poco, muy demandado.

Tras haber traído de Francia las semillas de 42 variedades, Sonia empezó a cultivar una decena de tipos de flores. Actualmente, utiliza sus propias semillas y cultiva la borraja, la flor azul con gusto de pepino, la flor de la cebolleta, un botón violeta que sabe como la cebolla, y sobre todo la capuchina, la flor comestible más conocida. "Trabajo para hacer una cosa que me gusta, algo bonito y lleno de colores", dice.

En Túnez, ya se utilizan algunas flores para cocina, las rosas secas, en pequeños trocitos en algunos pasteles, o la lavanda, ingrediente del ras el hanout, la mezcla de especias típica para el cuscús tradicional. Pero la degustación de flores frescas es una novedad.

"Pensaba que estas flores estarían destinadas a la exportación y que no despertarían un interés inmediato en el mercado local. Pero me sorprendió la demanda creciente, sobre todo de algunos hoteles", explica Sonia.

Problemas administrativos
Sonia empezó en su aventura en 2019. Decidió instalarse en la región montañosa de Tabarka, ideal por su clima húmedo y sus recursos de agua dulce. Pero su instalación no fue fácil; además de un "enorme dosier administrativo", tuvo que explicar en numerosas ocasiones al departamento forestal, escéptico, "para qué servían las flores comestibles", recuerda.

Afortunadamente para ella, la originalidad de su proyecto sedujo a la banca africana de desarrollo, que la ayudó con unos 13.000 dólares, y finalmente consiguió un terreno de cinco hectáreas, que arrienda por 1.400 dinares (510 dólares) por año al Estado.

Pero ahora Sonia teme perder el terreno. Según el director de la Agencia General de Bosques, Mohamed Boufarou, la agricultora "no respetó la convención firmada con la agencia, cultivando fresas sin avisar, ya que no son flores comestibles y además son frutas silvestres". Aunque encuentra el proyecto de Sonia "innovador", Boufarou asegura a la AFP que no "puede abrir la puerta a este tipo de implantación, que cambia el aspecto salvaje de la tierra y hace perder las especificidades de los bosques".

 

Fuente: infobae.com


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