La paradoja de los transgénicos en Ecuador

Es innegable que los transgénicos despiertan opiniones muy polarizadas que en muchos contextos han llevado su desarrollo a una encrucijada. En Ecuador el cultivo de alimentos transgénicos está prohibido, pero paradójicamente la importación de materia prima transgénica no. Ni la investigación.

Justo en 2008, cuando el país se declaró en su constitución libre de cultivos y semillas transgénicas, Efrén Santos, PhD en biología molecular, volvió al Ecuador para poner en marcha la investigación genética en banano. Obtuvo los permisos del Gobierno y ya lleva 12 años dedicado a la transformación del genoma del banano para la resistencia ante las plagas. Sin embargo, su trabajo no puede salir del laboratorio de la Escuela Politécnica del Litoral (ESPOL) debido a las prohibiciones legales.

El banano modificado desarrollado en la ESPOL es resistente a la sigatoka negra, una de las principales enfermedades tropicales en este cultivo y hoy el equipo del Centro de Investigaciones Biotecnológicas del Ecuador (CIBE) de esta universidad ya cuenta con 20 plantas modificadas genéticamente.

Para Ecuador el banano es un producto de gran importancia. El país es el mayor exportador de banano en el mundo (33% del mercado internacional) y compite con Costa Rica y Colombia en la región. Según la Asociación de Exportadores de Banano del Ecuador (AEBE), esta fruta representa el 3,84% del PIB total y el 50% del PIB agrícola. Es, además, el principal ingreso de exportaciones no petroleras para la nación, de acuerdo con el Banco Central del Ecuador.

En el país, el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIAP) tiene el objetivo de propiciar la transferencia tecnológica a los agricultores. Su investigador principal, Eduardo Morillo, admite que las leyes no han favorecido la investigación por falta de decisión política.

A pesar de eso, el INIAP trabaja en el esquema tradicional de mejoramiento genético con frutales, cultivos andinos, cereales, pastos, etc. Entre los cultivos destacados investigados, figuran la papa, el frijol, la naranjilla y el tomate de árbol.

Morillo sostiene que al agricultor no le interesa cómo se obtuvo la planta mejorada, sino que esa planta sea más resistente. “El país tiene la materia prima: la biodiversidad. La biotecnología permite sacarle provecho y su valor es inmenso”, puntualiza.

Mientras tanto, aun sin la legalización de los transgénicos, el monocultivo arrasa con el suelo y el equilibrio ambiental. En Quevedo, Los Ríos, una de las capitales del cultivo de banano y palma aceitera en Ecuador, ya no existen bosques nativos debido al crecimiento agrícola. La palma y el banano cubren casi todo su territorio, ya que su posición geográfica en el eje Manta-Manaos es estratégica para impulsar el modelo extractivista.

Por ello, Santos subraya que echar la culpa a los transgénicos de los problemas que podría generar en la biodiversidad es erróneo. “El problema empieza con los monocultivos. La resistencia a los insecticidas se parece a su propio uso”.

 

Fuente: lahora.com.ec


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