La presión demográfica, el desarrollo urbano y la pérdida de rentabilidad impactan en la fruticultura argentina

El Alto Valle pierde más de 9.000 hectáreas de peras y manzanas en 12 años

Según datos del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), entre 2008 y 2020 el Alto Valle rionegrino perdió 9.123 hectáreas de chacras, al pasar de 39.756,1 hectáreas destinadas a la producción de frutas de pepita (51% manzanas; 48,5% peras; 0.5% membrillos) en 2008 a un total de 30.633 hectáreas en 2020.

En estos doce años, la superficie se ha reducido a un ritmo de 760 hectáreas por año; si se toma como ejemplo una unidad productiva de 15 hectáreas, se deduce que 50 productores se alejan anualmente del mundo de la fruticultura en la región.

La ciudad que sufrió el impacto más grande fue Allen. La localidad que es la referencia de la Fiesta Nacional de la Pera tiene en la actualidad 1.586 hectáreas productivas menos que en 2008. Le sigue General Roca, exponente de la Fiesta Nacional de la Manzana, que perdió 1.073 hectáreas.

Otras dos ciudades que sufrieron el impacto de su propio desarrollo (y de la crisis frutícola), fueron Cipolletti (que hoy tiene 642 hectáreas menos) y Villa Regina, la sede de la Fiesta Provincial de la Vendimia, con 558 hectáreas menos en actividad.

Otra forma de medir el impacto sobre las chacras es el crecimiento de las áreas urbanas de las ciudades del Valle. Según un estudio realizado por el INTA, entre 2005 y 2016 la planta urbana de General Roca se incrementó un 56%. Pasó de 2.564 hectáreas a 4.000, y aproximadamente 1.000 hectáreas se concretaron sobre chacras productivas. La similitud de los números corrobora que el proceso sigue dándose.

Otra de las ciudades más pobladas de la región Alto Valle, Cipolletti, incrementó su planta urbana un 68% durante ese mismo período. Pasó de las 1.292,3 hectáreas a las 2.172,7 hectáreas. Pero el fenómeno no se limitó a las grandes localidades. En este período, Fernández Oro prácticamente cuadriplicó su ejido urbano en una década. Pasó de las 252 hectáreas de 2005 a las 980,1 de 2015. Y los loteos siguen desarrollándose. Según el trabajo del INTA, en Allen su área urbanizable se extendió de 1.101 hectáreas a 1.242, incrementándose un 21,9%.

El mismo efecto se observa en las ciudades ubicadas en la margen izquierda del río Neuquén. Cinco Saltos, por ejemplo, aumentó su área urbana un 56%; Campo Grande, el 32%, y Contralmirante Cordero, un 95%. Muchas de esas hectáreas que las ciudades sumaron al espacio urbano, fueron chacras abandonadas, con productividad perdida por culpa de la salinización, pero un gran porcentaje se trató de superficies en producción.

 

Fuente: noticiasnqn.com.ar


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