La adaptación a las nuevas condiciones generadas por el cambio climático es un factor clave

Investigadores del CITA trabajan en encontrar nuevas variedades de cereza

Junto a socios de Alemania, Marruecos, Túnez y España, el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) trabaja en un inventario de variedades de cerezas adaptadas a las nuevas condiciones climáticas y resilientes a los próximos cambios que se proyectan en el clima global.

"El aumento de la temperatura influye en todo el ciclo de las plantas", resume Javier Rodrigo, investigador del departamento de Ciencia Vegetal del CITA. En frutales, "las altas temperaturas durante el crecimiento del fruto pueden afectar negativamente a la calidad y si, además, hay escasez de agua, los frutos pueden no completar su desarrollo". 

Pero "la disminución del frío invernal también puede tener graves consecuencias, ya que los árboles necesitan acumular una determinada cantidad de frío para salir del reposo y florecer, y en los inviernos suaves las variedades más exigentes pueden no cubrir sus necesidades de frío y no florecer con normalidad, comprometiendo la cosecha".

Esta temporada, "aunque la época de floración no se ha visto tan afectada como otros años, porque el invierno ha sido menos cálido, la intensa helada en abril, mucho después del periodo habitual de heladas, afectó a la floración de las especies más tardías, como el cerezo".

Por eso, los investigadores buscan no solo que "las variedades de cerezo tengan calidad de fruto (tamaño, sabor, firmeza y color adecuados), sino que, además, cubran un amplio periodo de cosecha, con variedades de maduración muy temprana a muy tardía", indica la investigadora del CITA Ana Wünsch. También se trabaja para obtener "variedades de bajas necesidades de frío para poder cultivar en zonas más cálidas y para su adaptación al cambio climático". Asimismo, "se buscan variedades con buena calidad en poscosecha y resistencia al agrietado causado por la lluvia durante la maduración". Con respecto a la producción, interesan "variedades con buena producción, producción uniforme, autofértiles y de floración tardía, por ejemplo, para evitar las heladas tardías, como ha ocurrido este año".

Las variedades que se cultivan mayoritariamente "provienen de unas pocas variedades mejoradas y, por tanto, tienen una base genética reducida, lo que las hace más vulnerables a amenazas como plagas o el cambio climático: habría menos capacidad de adaptación", explica Wünsch. Por esta razón, "disponer de biodiversidad adicional es positivo para poder ampliar la base genética de las variedades cultivadas".

En este sentido, las variedades españolas de diferentes regiones, seleccionadas localmente a lo largo de los años son "diferentes genéticamente al resto de material cultivado, más biodiversas", indica la investigadora. Además, estas variedades locales "tienen características interesantes para la mejora, como bajas necesidades de frío o maduración temprana o tardía, y calidad organoléptica que puede ayudar a mejorar las variedades actuales".

 

Fuente: heraldo.es


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