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“La cadena tiene que entender que, aunque todos van a ganar menos, todos deben seguir ganando para sobrevivir”

“Con el cierre de Rusia y Bielorrusia, este año todos estaremos vendiendo uvas en el mismo mercado”

Las proyecciones iniciales de exportación en la temporada de uva de mesa chilena, que el USDA cifraba en más un 20% superiores que la temporada anterior el pasado mes de diciembre gracias a las buenas condiciones de crecimiento y a la entrada en producción de nuevas plantaciones, se han visto empañadas por los problemas logísticos.

Ya a mediados de marzo, en el peak de la campaña, los productores chilenos pedían prioridad de embarque en los buques refrigerados para su fruta fresca –perecedera, recordemos– hacia Estados Unidos ante la preocupante menor disponibilidad de naves, cuando la congestión del transporte marítimo se convirtió en un auténtico “tapón logístico”. Desde la Federación de Productores de Frutas de Chile, Fedefruta, llegaron a señalar que estando “en las semanas críticas de la temporada de uva de mesa”, no tenían “las naves suficientes en los puertos para enviarla a su destino”.

Estos problemas iniciales presagiaban el resultado agridulce que se obtuvo en Estados Unidos tras todo un año de esfuerzo por parte de los productores chilenos, enfrentándose a unos costes de producción sin precedentes y a la escasez de insumos, y que llevó a los exportadores a plantearse emprender acciones legales contra las navieras y el Puerto de Filadelfia por las pérdidas millonarias sufridas.

Pero este problema no ha sido exclusivo para los envíos de uvas de mesa de Chile a Estados Unidos. “Las llegadas a Europa también han experimentado mucho retraso y la fruta ha estado llegando con muchos problemas de calidad”, comparte un importador español. “El puerto de Róterdam estaba congestionado, ya que, con la guerra, muchos buques que se dirigían a puertos rusos como San Petersburgo paraban en Holanda, y las demoras de los contenedores llegaban a 15-20 días”.

“Lamentablemente, estos retrasos hicieron que toda la uva llegara en la misma fecha y solo los importadores que tenían programas con los supermercados en Europa pudieron venderla. El resto se puso en el mercado abierto, pero el consumo en los meses más fríos es, por lo general, más bajo que en otras épocas del año, de manera que la temporada de importación no ha sido nada fácil. Además, tenemos una presión cada vez mayor de la uva de Perú, que está produciendo mucha más fruta; toda la uva chilena se tuvo que vender en el mes de abril y algo de mayo, mientras también siguió llegando producto de Perú”.

“Por otro lado, los precios de los fletes, a pesar de que llegan con retrasos causando grandes problemas a los importadores, no paran de crecer. En la temporada de uva de Perú se han pagado a 7.000 dólares, mientras en la temporada de Chile, que viene justamente después, han subido a 12.000. Solo el flete ha supuesto un coste de entre 40 y 50 céntimos por kilo de uva, al que hay que sumar el precio del propio producto y, como era difícil de vender, el almacenamiento en cámaras de frío para conservar la fruta”.

“Diría que ha sido la mejor temporada de Chile a nivel de producción y calidad en muchos años, pero la peor de la historia a nivel logístico y de retorno al productor”, señala el importador. “Por eso, viendo lo que le ha ocurrido a Chile, tenemos que pensar qué vamos a hacer en la campaña de la uva en Europa y plantearnos muy bien los envíos en barco sabiendo que pueden llegar a tardar hasta 40 días en llegar a destino. Y no solo en los envíos marítimos, porque la pregunta que al final nos hacemos todos”, señala el importador, “es ¿qué va a pasar con el transporte por carretera? Con el precio del gasóleo a 2 euros, vemos que está siendo cada vez más difícil encontrar camiones y conductores que salgan de aquí a Alemania, a Bruselas o a París”.

“Además, hay que tener en cuenta que países como Egipto, Marruecos, Turquía, Grecia o Macedonia mandaban su fruta a Rusia y Bielorrusia, y este año ya no será posible”, recuerda el importador, “de manera que todos vamos a estar vendiendo en el mismo mercado, y lo estamos viendo”.

“Estamos en un momento histórico muy complejo y pienso que seguirá siendo muy duro aún los próximos dos e incluso tres años. Toda la cadena tiene que ser consciente de esto, desde el productor hasta los supermercados, y entender que, aunque todos van a ganar menos, todos deben seguir ganando para sobrevivir”.

“Por ahora, las temporadas ya han comenzado en Italia y en España. En Italia, las uvas sin semilla blancas se están vendiendo muy bien, las uvas con semilla blancas se están vendiendo también a buen precio, pero en volúmenes mínimos, mientras las uvas con semilla Victoria y Black Magic de Sicilia están registrando ventas lentas y precios un 20% menores que los del año pasado. En España los precios están siendo buenos, pero el volumen comercializado por ahora es muy bajo. Mi gran esperanza este año está en la calidad que presenta la fruta, y en que los consumidores le den el reconocimiento que merece el producto europeo y valoren el duro trabajo de nuestros productores”.


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