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"Las tendencias del futuro para el control de las enfermedades postcosecha tienden claramente a un control integrado"

La XX Jornada técnica de postcosecha celebrada en Lleida hace unas semanas organizada por el IRTA, el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias de Catalunya, analizó los retos a las que hace y hará frente la postcosecha en los próximos años y cómo debe evolucionar para darles una solución.

La postcosecha es una etapa en la que el almacenamiento y las condiciones de conservación pueden generar el ambiente adecuado para la proliferación de patógenos, en la que las pérdidas producidas suelen representar entre un 5 y un 25% de las cosechas.

En términos generales, las causas primarias de pérdidas se distinguen entre mecánicas, medioambientales, fisiológicas, químicas y bioquímicas, y biológicas y microbiológicas. Concretamente estas últimas, las biológicas y microbiológicas (aquellas que se deben a los microorganismos patógenos), se encuentran entre las que mayores desperdicios generan, causando las principales enfermedades de los frutales de hueso en postcosecha. Monilia, Rhizopus stolonifer, penicillium, Alternaria alternata y Geotrichum candidum, entre otros microorganismos, son capaces de provocar pudriciones en la fruta potencialmente graves, hasta el punto de llegar a echar a perder cosechas en su totalidad.

Tendencias de futuro para controlar esas enfermedades
Carla Casals, especialista en enfermedades de postcosecha del IRTA, analizó en una publicación de Basf Agro España las tendencias del futuro para el control de estas enfermedades y señala que claramente se tiende a un control integrado por productos químicos junto con otras estrategias de control que no dejen residuos en la fruta, como es el caso de los agentes de control biológico. “Desde el IRTA y en el marco de un proyecto europeo BIOCOMES se ha desarrollado un agente de control biológico compatible con la mayoría de los productos químicos que se aplican en el cultivo. Este microorganismo se podría integrar dentro de una estrategia de control química. Con los dos años que llevamos de su validación, se ha demostrado su efectividad cuando se aplica en campo, con eficacias comparables a un control químico. Remarco otra vez que es muy importante la utilización de modelos de predicción que nos ayuden a optimizar la utilización de las herramientas que tenemos para el control de enfermedades”.

“Destacar también que en el IRTA se ha desarrollado un abanico muy amplio de estrategias físicas de control de Monilinia spp. en postcosecha, como puede ser la aplicación de agua caliente, radiofrecuencias, microondas, curado, etc., con resultados muy esperanzadores, aunque todavía les falta el escalado para llegar a nivel comercial. En resumen, podemos decir que ya disponemos de herramientas, unas más desarrolladas que otras, pero que en un futuro muy próximo nos van a permitir controlar las enfermedades de forma más eficaz y siendo más respetuosos con el medio ambiente y la salud de los consumidores”.

 

Fuente: ecomercioagrario.com


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