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Andrés García Lorca, Consultor Territorial

“Esta situación hace difícil la venta de productos de excelencia, que tienen más valor añadido”

A pesar de que la situación de emergencia sanitaria que atraviesa España ha puesto de manifiesto la importancia de la actividad primaria para el abastecimiento de la población, no hay que olvidar que tan solo unos días antes de que se decretara este estado de alarma, el sector agrícola llevó su descontento a las calles mediante manifestaciones y protestas multitudinarias exigiendo una solución a la crisis de precios y rentabilidad que padecía.

Sin embargo, el hecho de que la actividad de los agricultores esté a pleno rendimiento en estos momentos no significa que los problemas hayan disminuido o no sean tan graves. Nada más lejos de la realidad, por el contrario, los problemas siguen presentes e incluso se han agravado. Efectivamente, hay una inercia que mantiene los flujos de producción, pero no la reducción de costes ni los precios adecuados al proceso.

En el caso de la horticultura, los productos frescos no faltan en las distribuidoras y da la sensación de que no hay un bajón en la demanda, pero es solo eso, sensación. Objetivamente hay un aumento de costes y una importante bajada en la demanda que puede determinar una mayor profundización en la crisis que padecen.

Reducción de las exportaciones
Se puede identificar, como uno de los problemas fundamentales, el determinado por los cambios en la estructura de la demanda, que no solo es apreciable cuando se produce una reducción de las exportaciones; el actual, es el promovido por la pérdida de consumidores importantes vinculados al sector de la restauración y al sector turístico en general; situación que, además, hace muy difícil la venta de los productos de excelencia, que son los que comportan un mayor valor añadido.

Por otro lado, la paralización de las actividades productivas industriales y de servicios junto al confinamiento de las personas en sus domicilios, tienen como efectos añadido, de una parte, la reducción de la capacidad adquisitiva de importantes sectores poblacionales y de otra, la opción del producto procesado sobre el fresco.

La realidad se manifiesta en los precios de los mercados mayoristas, en plena campaña de producción; se puede comprobar que los precios de productos populares básicos se sitúan por debajo de los costes de producción, como pueden ser tomates, pepinos o pimientos.

Así pues, los problemas que determinaron las protestas de los agricultores siguen latentes y necesitados de soluciones, pero a la luz de los acontecimientos y del caos económico reinante y previsible, en su aumento de magnitud, el futuro de la horticultura pasa necesariamente por una seria reconversión estructural que les permita seguir produciendo con seguridad pero con la garantía de que sus cambios no se vean obstaculizados o imposibilitados por determinaciones o decisiones político-institucionales de carácter fiscal o intervencionista en los mecanismos de mercado.

 

Fuente: diariodesevilla.es

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