La sentencia de Europa sobre la técnica CRISPR, "un serio paso atrás"

La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) dada a conocer en julio sobrevoló en todo momento la jornada ‘La Agricultura del Futuro’ organizada por la plataforma tecnológica Biovegen en el transcurso de Fruit Atraction. En función de este pronunciamiento, las plantas obtenidas con nuevas técnicas de edición genética como el CRISPR deberán ser consideradas transgénicos (Organismos Genéticamente Modificados, OMG) y estarán sujetas a las normativas que limitan su cultivo e investigación dentro de la UE.

El coloquio organizado por Biovegen fue dinamizado y presentado por la actriz María Segalerva (al fondo, de pie). De dcha a izda, participaron: José Ignacio Cubero (U. de Córdoba), Pablo Vera (CSIC-UPV) Antonio Leiva (CNB-CSIC), Antonio Molina (CBGP), Xana Belastegui (Iden Biotechnology), Ángel del Pino (Anecoop) y Ricardo Arjona (EC2CE)

Todos los expertos que participaron en el coloquio consideraron tal resolución como “un serio paso atrás”. Quizá el más vehemente contra esta resolución fue el doctor en Biología y profesor de Genética de la Universidad de Córdoba, José Ignacio Cubero, quien avanzó que con tales restricciones “a los cultivos editados genéticamente los sucederá lo mismo que a los OMG, que no se investigarán ni producirán casi en la UE pero entrarán de forma masiva en los mercados a través de importaciones”. En parecido sentido se pronunció también la nueva directora general del Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias (INIA), Ester Esteban, quien –en el turno de preguntas posterior al coloquio– intervino para advertir que “al final serán los propios consumidores los que exigirán explicaciones sobre por qué se está imponiendo este freno a la investigación agraria en Europa”.

“Las técnicas como el CRISPR (mutagénesis) son más perfectas y precisas que las usadas para los OGM (transgénesis) puesto que corrigen el genoma desde dentro. Digamos que, haciendo el símil con un procesador de texto, permiten editar el genoma sin necesidad de introducir genes de terceras especies para provocar el cambio deseado”, explicó Cubero. “Pero el resultado es limpio, indetectable, por lo que será imposible distinguir estos cultivos y, como ha pasado con el maíz o la soja transgénica que no se puede producir en Europa pero que sí se usan para alimentar al ganado europeo, estos cultivos se introducirán”, concluyó el científico.

Mayor optimismo despertaron otras intervenciones vinculadas también a los nuevos desarrollos aplicados a la agricultura en los que España parece estar bien posicionada. Antonio Molina, director del Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas (centro mixto entre la Universidad Politécnica de Madrid y el INIA), destacó los importantes avances en biología de sistemas y en genómica que se están dando a la hora de “conocer y controlar los mecanismos que regulan el desarrollo de la producción vegetal”. En este punto, señaló la identificación de microbiota para mejorar la captación por las raíces de las plantas de nutrientes –que permitirán reducir la fertilización con nitratos o fósforos– o la activación de los sistemas de inmunización, que inducen a las plantas a reconocer moléculas de patógenos para desencadenar así sus mecanismos de defensa natural –lo que minimizará el recurso a fitosanitarios–.

En parecidos términos se expresó el investigador del CSIC del Centro Nacional de Biotecnología, Antonio Leyva, quien concretó que la mejora genética está posibilitando la expansión de “la agricultura de precisión, que minimiza el recurso a fertilizantes, herbicidas o insecticidas” reduciendo sus efectos contaminantes sobre el suelo o los problemas de residuos en frutas y verduras. Es más, Leyva ejemplificó y trasladó la potencialidad de una ‘lemna’ o ‘lenteja de agua’, una planta acuática en la que trabaja su equipo capaz de acumular metales pesados, nitratos o fosfatos contaminantes y de transformarlos en proteína vegetal.

La inteligencia artificial aplicada al agro también fue protagonista en el coloquio de Biovegen. Fue Ricardo Arjona, presidente y fundador de la empresa ‘ec2ce’ quien trasladó las experiencias de esta empresa de big data aplicada a la planificación de cultivos y a esa agricultura de precisión. Esta compañía utiliza datos recogidos por sensores, estaciones meteorológicas, las indicaciones de técnicos o modelos matemáticos para optimizar el uso de fertilizantes en 10.000 hectáreas (ha) superintensivas de olivar de grandes empresas oleícolas y a un tiempo para monitorizar y ajustar los tratamientos contra la ‘mosca del olivo’ en otras 300.000 ha. “Nos adelantamos dos o tres semanas al repunte de población de esta plaga y así ajustamos el gasto en insecticidas”, explicó Arjona. El mismo modelo matemático es usado por supermercados para reducir las ineficiencias en la cadena, prever cosechas antes de la firma de contratos de suministro, reducir el desperdicio en el lineal o para las aseguradoras agrarias, a las que ofrece predicciones en función del riesgo para calcular las indemnizaciones por siniestros.

Al acto organizado por Biovegen acudieron unos 300 investigadores y empresarios agrarios, que llenaron el salón del Fruit Fórum

Transferencia de tecnología
Inevitablemente, las intervenciones sobre tales avances estuvieron jalonadas de apelaciones a las dificultades para hacer una correcta transferencia. “La empresa acelera el desarrollo de la investigación porque busca soluciones a problemas reales, no generar conocimiento, que no suele tener ni plazos, ni prisas”, explicó gráfico Pablo Vera, director del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP). “En 10 años, gracias a la crisis energética y a la oportunidad surgida con los biocombustibles, hemos avanzado más sobre el conocimiento de la pared vegetal y el desarrollo de polímeros que en los últimos 200”, confesó el también investigador del CSIC. “Los científicos deberíamos comunicar mejor –añadió– los OGM no han tenido nunca ningún problema pero su imagen ha sido lastimosa y ahora nos volvemos a lamentar casi lo mismo con el CRISPR”, dijo tajante Molina.

En este punto, resultaron esclarecedores los testimonios de dos casos de éxito: el de Anecoop, el primer operador hortofrutícola europeo y el de Iden Biotechnology, una empresa biotecnológica dedicada a materializar en negocios algunos embrionarios productos nacidos de la investigación. “No hacemos ciencia, nos dedicamos a terminar la prueba de concepto, a validar que lo que se trabaja como producto tiene realmente un nicho de mercado”, explicó la Chief Business Officer de la citada spin-off. “Tenemos marcos regulatorios desarrollados en el ámbito de lo político, no de la ciencia y de la empresa”, continuó para insistir en los problemas ahora generados con la referida sentencia sobre la edición genética o los anteriores con los OMG.

Ángel del Pino, director del departamento de Producción y Desarrollo de la citada cooperativa de segundo grado ejemplificó la capacidad de absorción de los nuevos avances en el campo con la revolución acontecida en Almería con la producción hortícola. “En 2007 hubo una crisis derivada del uso indebido de un fitosanitario. En menos de dos campañas el sector fue capaz de transformar su modelo intensivo hacia otro de producción integrada”, explicó del Pino.

 


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