La economía ruandesa se ha basado tradicionalmente en la agricultura de subsistencia, el sustento diario de la mayoría de su población. Sin embargo, en los últimos años han surgido empresas que agrupan la producción de numerosos pequeños agricultores y la preparan para su exportación. Aunque gran parte de esas exportaciones se destinan a países vecinos de la región, también hay productos que cruzan continentes: los chiles y las judías verdes viajan por vía aérea hacia Europa, mientras que los aguacates y el maracuyá zarpan en barco rumbo a Oriente Medio.
Durante las próximas tres semanas, vamos a presentar una decena de estas empresas pioneras.
Pero antes, en este primer artículo, ofrecemos un contexto sobre este pequeño país africano, enclavado entre la República Democrática del Congo al oeste, Uganda al norte, Tanzania al este y Burundi al sur.
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El país de las mil colinas
Aunque Ruanda es más pequeño que Bélgica en términos de superficie, lo supera ligeramente en población: según datos del Banco Mundial, en 2024 cuenta con 14,2 millones de habitantes. Excluyendo microestados, es el quinto país más densamente poblado del planeta. En las últimas dos décadas, su población ha crecido a un ritmo superior al 2% anual. En la capital, Kigali, residen más de 1,7 millones de personas.
El paisaje ruandés, caracterizado por colinas suaves que se suceden sin fin —de ahí su apodo de "el país de las mil colinas"— está salpicado de numerosos lagos repartidos por todo el territorio. La cima más alta alcanza los 4.507 metros, mientras que Kigali se encuentra a unos 1.500 metros sobre el nivel del mar. En Ruanda nace una de las fuentes del Nilo, y su ubicación, a pocos grados al sur del ecuador, le confiere un clima con dos estaciones lluviosas y dos secas cada año. Aunque el kinyarwanda es la lengua nacional, también se reconocen oficialmente el inglés, el francés y el suajili. El turismo, por su parte, se ha convertido en un sector en pleno auge y ya representa la principal fuente de ingresos en divisas.
Un crecimiento económico notable
Ruanda ha logrado avances significativos en el plano socioeconómico durante las últimas décadas. Según el Banco Mundial, el porcentaje de la población que vive con menos de tres dólares al día pasó del 82,3% en el año 2000 al 38,6% en 2023. A pesar de que el PIB per cápita sigue siendo bajo —unos 1.000 dólares en 2024, frente a los más de 35.000 de España—, el país registra un crecimiento económico impresionante del 8,9% anual. La inflación se mantiene contenida, en torno al 1,8%, y la tasa de desempleo es del 12% en 2024. No obstante, la conectividad digital aún es limitada: solo el 34% de la población tenía acceso a Internet en 2023.
Un dato que llama la atención es la destacada presencia femenina en la política nacional: el 64% de los escaños parlamentarios están ocupados por mujeres, una cifra sin precedentes a nivel mundial. Además, las mujeres desempeñan un papel clave en el sector agrícola, no solo como trabajadoras, sino también como líderes de proyectos y empresas, algo que iremos descubriendo en los próximos artículos de esta serie.
De la colonización a la tragedia
A finales del siglo XIX, Ruanda se convirtió en colonia alemana. Durante la Primera Guerra Mundial, el control pasó a manos belgas. En esa época, las potencias coloniales favorecieron a la minoría tutsi frente a la mayoría hutu. Esta división no era tanto étnica como socioeconómica: los hutus, que representaban aproximadamente el 85% de la población, eran en su mayoría agricultores, mientras que los tutsis (alrededor del 14%) se dedicaban tradicionalmente al pastoreo y ocupaban posiciones de poder.
En 1959, una revuelta hutu marcó el inicio de una ola de violencia contra los tutsis, que culminó con la proclamación de una república dominada por los hutus en 1962. En 1973, Juvénal Habyarimana tomó el poder y profundizó las políticas favorables a los hutus. La situación se agravó aún más cuando, en 1990, el Frente Patriótico Ruandés (FPR), liderado por tutsis exiliados, inició una guerra civil. Tras el asesinato de Habyarimana en 1994, el país se precipitó en una de las peores tragedias del siglo XX: un genocidio que duró cien días y evidenció la total impotencia de la comunidad internacional.
En julio de 1994, el FPR puso fin a la masacre tras una ofensiva militar que logró tomar el control del país. Desde entonces, Ruanda ha hecho grandes esfuerzos por dejar atrás las divisiones étnicas. Hoy en día, se promueve una identidad nacional unificada, y muchos jóvenes ya no se identifican como hutu o tutsi.
Historia política reciente
Desde el final del genocidio, Ruanda ha estado gobernada por el Frente Patriótico Ruandés, que instauró un sistema político de partido único de facto. En 2003 se adoptó una nueva constitución que instauró una democracia multipartidista con elecciones presidenciales. El presidente se elige por voto directo para un mandato de siete años. Paul Kagame, figura central del FPR, se ha mantenido en el poder de forma ininterrumpida durante los últimos 25 años, siempre con resultados electorales arrolladores: en 2024 fue reelegido con el 99% de los votos.
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Según The Economist y otras fuentes internacionales, Ruanda, bajo el liderazgo de Paul Kagame, se ha transformado en lo que muchos califican como un Estado autoritario o una llamada "autocracia electoral". Si bien el país ha logrado una notable estabilidad y un crecimiento económico sostenido tras el genocidio de 1994, ese progreso ha ido de la mano de severas restricciones a la oposición política, la libertad de expresión y la independencia de los medios de comunicación.
Para algunos, este control férreo representa un mal necesario para garantizar la paz y el desarrollo; para otros, plantea un dilema inquietante sobre hasta qué punto puede sacrificarse la democracia en aras del progreso. El caso ruandés abre así un debate sobre la tensión entre un modelo de desarrollo eficaz y el déficit de libertades fundamentales.
De hecho, el Democracy Index de la Economist Intelligence Unit correspondiente a 2024 sitúa a Ruanda con una puntuación de apenas 3,34 sobre 10, lo que refleja claras deficiencias democráticas. No obstante, el país supera a varios de sus vecinos —como la República Democrática del Congo y Burundi— e incluso a países como China, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Kazajistán.
Por otra parte, en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparency International (2024), Ruanda ocupa un nada despreciable puesto 43 de un total de 180 países. Esta posición no solo lo coloca por delante de varios países de la región, sino también por encima de doce Estados miembros de la Unión Europea, entre ellos España, Italia, Polonia y Eslovaquia, así como de grandes socios comerciales del bloque europeo como China, Sudáfrica, Marruecos, Brasil, Turquía, Perú y México.
Exportaciones hortofrutícolas en auge
Según un informe reciente del National Agricultural Export Development Board (NAEB), las exportaciones ruandesas de frutas, hortalizas y flores generaron más de 75 millones de dólares durante el período 2023/2024. A esto se suman 201 millones de dólares procedentes de productos agrícolas tradicionales como el té y el café.
Lo más llamativo es el crecimiento exponencial del sector hortícola: entre 2019/2020 y 2023/2024, los ingresos por exportaciones aumentaron un 162%, lo que equivale a una tasa de crecimiento media anual del 21%.
Las hortalizas encabezaron la lista, aportando 42,3 millones de dólares (un 56% del total), seguidas de las frutas con 30,6 millones (41%) y las flores con 2,2 millones (3%). La mayor parte de las hortalizas se destinaron a mercados regionales (74,2%), aunque también hubo envíos importantes a Europa (21,1%) y Asia (3,9%), siendo los chiles picantes y las judías verdes los productos más demandados fuera del continente africano.
En cuanto a las frutas, el 67,79% fue exportado a países de la región, mientras que el 26,27% tuvo como destino Oriente Medio —principalmente aguacates y maracuyá— y un 3,92% se dirigió a Asia, donde las nueces de macadamia ganan popularidad. El mercado de flores sigue orientado abrumadoramente hacia Europa, que absorbió el 92% del total de las exportaciones florales del país.
Ruanda sin plásticos: un ejemplo para el mundo
Un detalle que no pasa desapercibido al recorrer las calles ruandesas es la absoluta ausencia de residuos plásticos. Esto no es casualidad: desde 2008, Ruanda prohíbe el uso de envases plásticos de un solo uso. En su lugar, el país promueve alternativas sostenibles como bolsas de papel, telas reutilizables y envases biodegradables fabricados a partir de hojas de plátano y otros materiales naturales.
Este esfuerzo medioambiental se ve reforzado por un innovador programa de servicio comunitario conocido como Umuganda, que moviliza a la ciudadanía —entre los 16 y los 65 años— el último sábado de cada mes para limpiar, construir o mejorar sus comunidades. Esta iniciativa, vigente desde 1995, ha contribuido a fomentar una conciencia ecológica profunda y a fortalecer los lazos sociales entre la población, según destaca el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en un reciente blog.
Ruanda no se ha quedado ahí: junto a Noruega, el país lidera la High Ambition Coalition, una alianza internacional que aboga por un tratado global para eliminar la contaminación por plásticos de aquí a 2040.
En los próximos días, presentaremos una selección de empresas ruandesas que destacan en el cultivo y la exportación de frutas y hortalizas. Para obtener más información sobre el sector exportador de frutas y hortalizas de Ruanda, contacta con Charlotte Uwicyeza ([email protected]), de la Junta Nacional de Desarrollo de las Exportaciones Agrícolas (NAEB por sus siglas en inglés), que también estará presente en la próxima Fruit Logistica: pabellón 26, stand C-61. Encontrarás una exhibición conjunta de empresas ruandesas en el stand B-80 del pabellón 26.