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Investigan la relación entre el riego y la vida útil en el brócoli

Un equipo de investigadores de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) estudia cómo potenciar el efecto de los metabolitos secundarios en los brócolis, como los glucosinolatos, para atender a un segmento de la población que requiere alimentos más nutritivos y sanos (como niños, personas mayores y enfermos) y también para que el cultivo tenga una mayor vida útil después de la cosecha.

“En general, cuando los cultivos atraviesan un período de estrés hídrico aumenta la actividad del metabolismo secundario buscando equilibrar el sistema metabólico. Se trata de un conjunto de sustancias que produce la planta para ‘autorepararse’ y que también benefician a la salud humana con efectos antioxidantes y neuroreparadores entre otros”, explicó Christian Krizaj, docente de la cátedra de Horticultura de la FAUBA. “Podemos controlar diferentes cantidades de agua en distintos momentos del cultivo y medir en qué medida el estrés hace que los rendimientos no decaigan tanto, y que al mismo tiempo aumente la concentración de metabolitos secundarios”.

En estos cinco años de trabajo, los docentes de la FAUBA, encabezados por la profesora a cargo de cátedra de Horticultura, Diana Frezza, se concentraron en conocer las características particulares del cultivo, calcular las dosis de riego óptimas y los momentos más oportunos para limitar el acceso al agua.

Mayor vida útil
Otro de los aspectos que buscan mejorar los docentes de la FAUBA es la calidad poscosecha. Los investigadores informaron que la parte que consumimos en el brócoli es una inflorescencia y estos órganos poseen una tasa de degradación muy elevada, mucho más alta que la de otros cultivos, como la lechuga y la patata, por ejemplo. Por eso la necesidad de aumentar su vida útil y que llegue al consumidor en buen estado. “La mayor presencia de metabolitos secundarios también puede mejorar la calidad del brócoli en poscosecha, ayudando a que no se degrade rápidamente una vez que fue cosechado y hasta que es comercializado y consumido”, explicó Krizaj.

En los ensayos, los docentes concluyeron que, durante el almacenamiento a bajas temperaturas (5°C) el cultivo estresado tuvo una mejor poscosecha hasta los 14 días, respecto del cultivo que se manejó sin restricciones. Cuando el almacenamiento se realizó a temperatura ambiente (14,7°C), el cultivo estresado se mantuvo dentro de ciertos parámetros de calidad, mientras que sin restricciones no pasó la semana de poscosecha.

El equipo de la FAUBA viene realizando desde 2014 una serie de ensayos en los cuales busca estresar al cultivo restringiendo la cantidad de agua que reciben en sus diferentes estadios. Con esta estrategia ya habrían logrado algunos resultados positivos, aunque continúan investigando para obtener brócolis con mayores cualidades nutracéuticas y mejores rendimientos, que también permitan hacer más eficiente el uso del agua.

 

Fuente: supercampo.perfil.com

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