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El campo español redibuja su mapa de cultivos

La agricultura española ha ido ajustando su mapa productivo en la última década en respuesta tanto a factores climáticos como a cambios estructurales del mercado. Mientras algunos cultivos tradicionales pierden peso, otros ganan superficie, configurando un escenario cada vez más condicionado por la disponibilidad de agua, la rentabilidad y la adaptación al cambio climático.

Según los datos provisionales de la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (Esyrce) 2025, publicada por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), la superficie agrícola total apenas ha variado respecto al año anterior y se sitúa en 16,70 millones de hectáreas. De esta cifra, algo más de 11 millones corresponden a tierras arables, mientras que los cultivos leñosos ocupan en torno a 5,4 millones de hectáreas, con una presencia mucho menor de huertos familiares y otros usos.

El análisis comparativo entre 2015 y 2025 muestra una clara reordenación de cultivos. El olivar consolida su expansión y aumenta su superficie en torno a un 5%, superando los 2,8 millones de hectáreas, mientras que el viñedo sigue una tendencia inversa y reduce su extensión en algo más del 5%. Los frutales también ganan terreno en el conjunto del país, al contrario que los cítricos, que registran un ligero retroceso.

Dentro de las hortalizas, la evolución es dispar. El tomate destinado a la industria pierde superficie en la última década, mientras que el tomate tradicional experimenta un crecimiento significativo. No obstante, el mayor incremento porcentual lo protagoniza la lechuga, cuya superficie prácticamente se multiplica, reflejando el peso creciente de este cultivo en determinadas zonas productoras. También avanzan con fuerza el brócoli, los guisantes verdes y la fresa, cultivos muy vinculados a la exportación y a sistemas intensivos de producción.

Más allá de los cultivos, la encuesta refleja también cambios en los usos del suelo. La superficie forestal continúa aumentando de forma progresiva, mientras que los prados y pastos registran un leve descenso, una evolución que refuerza la tendencia hacia una mayor forestación del territorio.

En conjunto, los datos de la Esyrce dibujan un campo español en transformación, en el que las decisiones productivas responden cada vez más a la rentabilidad, la sostenibilidad y la adaptación a un contexto climático y económico cambiante.

Fuente: efeagro.com

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