Con cierta melancolía, Tony Derwael rememora a veces tiempos pasados. Tiempos en los que, como exportador, estaba siempre a la busca de mercados potenciales para vender su fruta. Al principio de la temporada, el experimentado comerciante avisó de que esta campaña harían falta nuevos mercados de exportación, pero para su decepción, no fue posible encontrarlos y esto ha desembocado en una temporada muy complicada para la manzana. Tony cree que cada vez hay más complacencia; una tendencia peligrosa que, si no se rectifica, traerá cada vez más desequilibrio al mercado, advierte.
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Ciudadanos del mundo
"A menudo pienso en mis comienzos en el sector, hace casi 47 años", cuenta Tony. "Siendo solo un chaval de 18 años, empecé a trabajar en la compañía frutera de mi padre. No tuvo más remedio que ponerme a trabajar de sol a sol, y eso me llevó por el buen camino. Por aquel entonces, hacía muchos novillos y pasaba más tiempo en cafeterías que en clase, pero poco a poco fue creciendo mi respeto por nuestros empleados y por los comerciantes que llevaban la fruta de nuestros campos al mercado. Siempre conseguían darle salida al producto, tanto en años de escasez como de abundancia, a veces incluso al otro lado del mundo".
Hoy en día, Tony cree que ya no se ve tanto esa mentalidad. "Muchas empresas exportadoras han dejado de ser auténticos exportadores para convertirse en proveedores de servicios para supermercados. El estatus que solíamos tener en Bélgica y los Países Bajos de actores globales se ha ido perdiendo, trasladándose en gran medida a los países del Este, y eso tiene consecuencias. Incluso en años con grandes producciones de manzanas y peras, a veces nos faltan contactos para vender la fruta. Esto se debe a menudo a esa actitud complaciente. De ahí mi llamamiento a realizar mayores esfuerzos como exportadores".
Proactividad
No cabe duda de que se presentan desafíos, afirma. "En el caso de las peras, seguimos viendo buenas oportunidades de venta gracias a mercados como China, en el que se han logrado avances en parte gracias a los esfuerzos de la BFV. Ocurre algo parecido con las manzanas en Sudamérica, donde hay presencia de españoles y portugueses, pero a menudo escasean los actores belgas y holandeses. Pero en el caso de las manzanas, ahora mismo la producción supera a la demanda en nuestros mercados tradicionales, por lo que es esencial una búsqueda proactiva de clientes".

A Tony también le preocupa la forma en que se utilizan los datos de mercado. "Las cifras de Prognosfruit suelen no corresponderse con la realidad. Las previsiones se hacen en julio y no se publican hasta agosto. Para entonces, la situación en el campo puede haber cambiado bastante, por lo que las estimaciones difieren a veces de la cosecha real en entre un 30 y un 40%. Esta temporada, por ejemplo, hemos tenido una cosecha excepcionalmente abundante. Buenas noticias para el productor, pero malas para el mercado. Hay quien acaba con excedentes. A menudo deciden esperar y ver qué pasa, en lugar de actuar de manera proactiva, cuando lo que hay que hacer es esto último".
De cara al futuro, subraya la importancia de la flexibilidad y la capacidad de respuesta. "Tras un año de producción máxima, la salud de los árboles puede verse resentida en la temporada siguiente, y a esto hay que sumarle los riesgos relacionados con factores climáticos, como las heladas tempranas. Para los exportadores, esto requiere anticipación constante tanto en materia de producción como de la evolución del mercado". A pesar de los desafíos, Tony no pierde el optimismo. "Mientras no olvidemos las lecciones aprendidas en el pasado, trabajemos de manera proactiva y no le quitemos ojo a las dinámicas del mercado, deberíamos ser capaces de hacer frente a estos desafíos y continuar promocionando la exportación de fruta belga".
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Tony Derwael
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