Tras casi dos años marcados por una sequía excepcional y un severo racionamiento de agua —con una reducción de las superficies de regadío de hasta el 50% respecto al año anterior y restricciones que afectan a la horticultura, las nuevas plantaciones e incluso la ganadería—, Cerdeña y gran parte del centro y el sur de Italia han pasado repentinamente al extremo opuesto.
La situación agrícola en el sur de Cerdeña, sobre todo en la zona comprendida entre Samassi, Serramanna y Villacidro, es crítica actualmente debido a una serie ininterrumpida de fenómenos meteorológicos extremos. Una nueva ola de inclemencias meteorológicas está dejando una pesada estela: producciones destruidas, explotaciones aisladas y cosechas comprometidas. Coldiretti Cagliari resume así la situación actual: "Las lluvias persistentes, los vientos extremos y las inundaciones afectan simultáneamente a la producción, las estructuras y la rentabilidad de las explotaciones".
© Coldiretti Cagliari
En el Medio Campidano se está produciendo una verdadera emergencia. La zona de Samassi es una de las más afectadas: campos inundados, alcachofas destruidas y horticultura a campo abierto sumergida por el agua. Las siembras están bloqueadas y producciones enteras se pudren antes incluso de llegar al mercado. Un golpe muy duro para las explotaciones agrícolas y para una de las zonas de mayor valor productivo de Cerdeña.
"Un drama", aseguran Andrea Manca y Filippo Frongia, socios de Agro Mediterranea Distribuzione, empresa especializada en el suministro de frutas y hortalizas a la gran distribución organizada, especialmente alcachofas y tomates. El propio Frongia relataba hace unos 15 días cómo la producción de alcachofas ya se había visto muy afectada por las adversas condiciones meteorológicas (ver noticia).
"En la comarca del Sarrabus, el viento ha arrasado los cítricos: cientos de kilos de naranjas y cítricos acabaron en el suelo, las hileras destrozadas y los cortavientos arrancados. En Villaputzu, Muravera, San Vito y Castiadas, el sector citrícola se ha venido abajo: daños en las infraestructuras, apagones, carreteras intransitables y explotaciones aisladas", informa Coldiretti Cagliari.
© Coldiretti Cagliari
"Lleva lloviendo más de un mes y apenas ha parado", explica el ingeniero agrónomo Orazio Casalino, describiendo una ventana meteorológica en la que, en algunas zonas, cayeron hasta 600 mm de lluvia, cantidades equivalentes a varios meses de precipitaciones concentradas en unas pocas semanas. La llegada del ciclón Harry a finales de enero había agravado el panorama, con rachas de hasta 130 km/h, trombas marinas, granizadas localizadas e incluso tornados que arrasaron invernaderos y tejados. Ahora, otra ola de mal tiempo. "Mientras que los embalses regionales han vuelto al 70-75% de su capacidad, lo cual garantiza las reservas de agua para el año en curso, los campos están intransitables: la alternancia de breves rachas de sol y nuevas perturbaciones impide la entrada de vehículos agrícolas, lo que compromete la siembra, los tratamientos y las labores de cultivo. Los suelos saturados de agua, a menudo convertidos en embalses temporales, ralentizan o impiden las labores, con el riesgo de retrasos estructurales durante toda la campaña 2026".
"Las consecuencias son evidentes en los cultivos hortícolas, por ejemplo. Los campos de alcachofas se inundan, con estancamientos prolongados que pueden provocar asfixia radicular, amarilleamiento y una fuerte presión de hongos patógenos como la botritis y el mildiú velloso. Las microlesiones foliares provocadas por los intensos vientos favorecen aún más la infección, mientras que las labores de recolección se complican en extremo por el barro y los suelos hundidos, que ralentizan los equipos y repercuten en los costes. Una situación similar ocurre con el hinojo, el brócoli y la coliflor, que a menudo quedan sumergidos durante días, y con los cultivos de invernadero, donde la subida del nivel freático y los suelos saturados agravan la asfixia radicular", señala Casalino.
En las plantaciones de cítricos, a pesar de que se cultivan en caballones para favorecer el drenaje, el exceso de agua y las ráfagas de viento han provocado la caída prematura de los frutos: "Se pueden ver extensiones de cítricos en el suelo", observa el agrónomo, que señala que el estrés hídrico y mecánico ha desencadenado la necrosis de los pedúnculos, con pérdidas directas de producción.
© Luigi Marras
La explotación de Luigi Marras, 15 hectáreas en total de cítricos y frutales, con una parcela experimental de manzanas Fuji de unos 2.500 árboles, está situada en el sur de Cerdeña, en la zona comprendida entre Samassi y Serramanna, una de las áreas de cultivo más fértiles y adecuadas para los cultivos intensivos de la isla. Aquí, la enésima oleada de inclemencias meteorológicas ha causado importantes daños estructurales y agronómicos.
"Las lonas de los túneles destinados a la transformación de la primavera quedaron arrancados, lo que imposibilitó la preparación previa del terreno en ambiente protegido. Las superficies están completamente saturadas de agua, intransitables incluso a pie, con suelos tan empapados que cualquier excavación provocaría la subida del agua por saturación. Las lluvias persistentes, que no dan tregua más que unas horas, han puesto en peligro los caminos interiores y las operaciones agrícolas, retrasando las podas y los tratamientos fitosanitarios", explica Marras. "En la parcela experimental de manzanos, algunas hileras han sido arrastradas por el fuerte viento y las plantas, sumergidas, corren el riesgo de perderse por asfixia radicular. Al mismo tiempo, los huertos de alcachofas están en peligro: además de la pérdida inmediata de producción, se teme por la calidad de los hijuelos destinados a la replantación la próxima temporada", añade.
Los problemas más críticos se dan en la fruticultura, pues la imposibilidad de entrar con tractores y pulverizadores a los campos está impidiendo los tratamientos preventivos contra la enfermedad conocida como la abolladura del melocotonero y las principales enfermedades fúngicas. "Los tratamientos en la fase vegetativa son ineficaces", explica Marras, "y sin prevención el riesgo es comprometer toda la producción". El uso de drones para los tratamientos sería técnicamente decisivo, pero la normativa actual no lo permite, lo que deja a los operadores sin alternativa. Por si fuera poco, hubo tres días consecutivos de corte de suministro eléctrico en la empresa, con la subestación de Enel aún sin restablecer: una situación que, con la mercancía en cámaras frigoríficas, habría supuesto más pérdidas económicas. Afortunadamente, no fue así.
En la zona, la apertura de las compuertas de los consorcios de riego y el desbordamiento de los canales de drenaje han agravado las inundaciones en los campos, mientras que el mantenimiento de la infraestructura hidráulica resulta insuficiente. Marras, que ya sufrió una grave inundación en 2018 con la pérdida de 8.000 melocotoneros, denuncia unos tiempos institucionales incompatibles con la gestión de la empresa: "Los reembolsos llegan con años de retraso, mientras que las nuevas plantaciones corren el riesgo de volver a morir bajo el efecto de un clima cada vez más inestable. En un contexto en el que los costes superan ya a los ingresos, la imposibilidad de planificar intervenciones agronómicas y garantizar la continuidad de la producción está minando la capacidad de recuperación económica de las empresas de la zona".