El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán, que respondió con misiles y drones contra bases estadounidenses en Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Catar, Kuwait y Arabia Saudí, además de Israel. Esta nueva fase del conflicto eleva de forma abrupta el riesgo para el transporte marítimo, especialmente en el golfo Pérsico, el estrecho de Ormuz y el mar Rojo.
Las grandes navieras reaccionaron de inmediato. Hapag-Lloyd advirtió que la seguridad de sus tripulaciones es prioritaria y que los servicios con escalas en el golfo Pérsico pueden sufrir retrasos, desvíos o cambios de itinerario. CMA CGM ordenó a sus buques en el golfo Pérsico buscar refugio, suspendió el tránsito por el canal de Suez y anunció desvíos por el cabo de Buena Esperanza. MSC paralizó nuevas reservas hacia Medio Oriente, mientras Maersk redirigió sus servicios MECL y ME11 por el sur de África.
El analista Lars Jensen describió el escenario como el inicio de "grandes operaciones de combate" y alertó que la crisis del mar Rojo —que ya supera los 800 días— podría prolongarse más allá de los 1.000 si no hay una rápida desescalada. Aunque no se han reportado ataques directos contra buques comerciales, medios israelíes citaron fuentes hutíes que anticipan una posible reanudación de ofensivas en la zona.
Estados Unidos emitió una advertencia marítima que establece áreas de riesgo en el golfo Pérsico, golfo de Omán, mar Arábigo norte y estrecho de Ormuz, señalando que no puede garantizar la seguridad de la navegación mercante. Desde BIMCO, Jakob Larsen sostuvo que el riesgo para los buques en el golfo Pérsico "aumenta dramáticamente". Las primas de seguro podrían multiplicarse y algunas embarcaciones con vínculos con EE.UU. o Israel tendrían dificultades para obtener cobertura. Además, advirtió que Irán tiene capacidad para coaccionar la navegación en Ormuz en el corto plazo.
La consultora Xeneta prevé una mayor militarización del comercio marítimo y considera improbable un retorno masivo al Mar Rojo en 2026. Si los hutíes reanudan ataques, las navieras consolidarán los desvíos por el Cabo de Buena Esperanza.
Este rodeo absorbe unos 2,5 millones de TEU de capacidad global. Un regreso al mar Rojo habría liberado espacio y presionado las tarifas a la baja; con ese escenario debilitado, los fletes seguirán moderándose, pero sin caídas bruscas.
En el golfo Pérsico, la situación es más crítica: no existe alternativa marítima viable para puertos como Jebel Ali si Ormuz se cierra. Se anticipan omisiones de escala y desvíos a puertos alternativos con traslado terrestre, generando congestión regional.
En el corto plazo, la reacción es preventiva: refugio, desvíos y suspensión de tránsitos. Si las hostilidades se prolongan, la industria enfrentará rutas más largas, mayores costos de seguro e inestabilidad tarifaria persistente.
Fuente: Mundo Marítimo