La campaña argentina de arándanos se perfila con perspectivas positivas tras un año que el sector califica como favorable. Las condiciones climáticas del verano han acompañado el desarrollo de las plantaciones, mientras que la demanda global continúa expandiéndose, impulsada por el creciente consumo de fruta saludable.
Alejandro Pannunzio, presidente de Berries del Sol, explica que la temporada pasada dejó resultados alentadores para el país. "La temporada de arándanos en Argentina tuvo un buen año pasado y este año tuvo un verano benévolo, con lo cual las plantaciones están creciendo muy bien", afirma. La producción del país suele comenzar entre julio y agosto, dependiendo de la evolución del invierno y del proceso de diferenciación de yemas.
© Berries del Sol
En el caso de Berries del Sol, la producción alcanza unas 400 toneladas anuales, un volumen que históricamente estuvo destinado a la exportación. Sin embargo, el destino de la fruta ha cambiado en los últimos años. "Hace 20 años todo se destinaba a la exportación, y hoy también está dividido entre exportación, mercado interno y parte para industria", señala Pannunzio.
Los principales mercados para el arándano argentino siguen siendo Europa, Estados Unidos e Israel, además del consumo local. Paralelamente, el crecimiento del mercado de fruta congelada ha abierto nuevas oportunidades para aprovechar fruta destinada a la industria.
A nivel global, el directivo destaca que el crecimiento de la producción mundial no ha frenado el consumo, sino que ha venido acompañado de una expansión aún mayor de la demanda. "La producción a nivel mundial creció muchísimo, pero la demanda parece haber crecido más y sigue creciendo", afirma.
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Según Pannunzio, uno de los factores determinantes es la incorporación de nuevos consumidores, especialmente entre los más jóvenes. "Lo que se ha encontrado es el modo de aumentar el número de clientes, sobre todo de niños, que cada vez aprecian más la fruta", comenta.
El aumento del consumo también se ha visto reforzado por los cambios en los hábitos alimentarios tras la pandemia. "La pandemia hizo aumentar aún más ese consumo por el hecho de que todos privilegiamos estar más protegidos y tener una alimentación más saludable", explica.
© Berries del Sol No obstante, el sector sigue enfrentando dificultades importantes. Entre ellas destacan las condiciones climáticas extremas y la logística, factores determinantes para un producto altamente perecedero. "La cadena de frío es lo esencial", subraya Pannunzio, quien advierte que el último eslabón de la logística —la conservación en el retail— sigue siendo un punto crítico para garantizar la calidad de la fruta hasta el consumidor final.
En cuanto a las perspectivas del sector en Argentina, el empresario se muestra moderadamente optimista. "Pensamos que estamos ante un panorama en el cual se puede ser optimista con crecimientos discretos, pero sostenidos", afirma.
"La entrada en producción de nuevas plantaciones podría impulsar un ligero aumento del volumen en las próximas campañas, aunque el resultado final dependerá, como cada año, del comportamiento del clima durante el invierno y el desarrollo del cultivo en los meses previos a la cosecha", concluye.
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Alejandro Pannunzio
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