Organizaciones del sector agrario en Gran Bretaña advierten de un aumento de la presión sobre los productores de invernadero y de campo abierto debido al encarecimiento del gas, el combustible y otros insumos, una situación que podría llevar a algunos a acortar la campaña o incluso a paralizar la producción.
Desde la Lea Valley Growers Association, su secretario Lee Stiles ha señalado que el contexto actual recuerda al vivido tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, cuando los costes energéticos ya impactaron de forma significativa en la actividad agrícola.
El repunte de los precios mayoristas del gas está incrementando especialmente los costes de calefacción en los invernaderos, un elemento esencial para el desarrollo de cultivos como pepino, tomate, pimiento o berenjena. Según el sector, si esta tendencia se mantiene, algunas explotaciones podrían dejar de ser rentables antes de finalizar la temporada.
En este escenario, los productores no descartan reducir o detener la actividad, lo que implicaría también ajustes laborales. Además, la imposibilidad de mantener la temperatura adecuada en los invernaderos podría afectar directamente al crecimiento de los cultivos, con el consiguiente descenso de la producción y posibles tensiones en el suministro más adelante.
Ante esta situación, representantes del sector reclaman a la distribución que revise los contratos de suministro a precio fijo para adaptarlos al incremento de los costes. Consideran que, sin estos ajustes, el riesgo de caída de la producción podría trasladarse a problemas de abastecimiento en los supermercados.
Por su parte, Rachael Williams, de la West Sussex Growers Asociation, ha subrayado la creciente preocupación entre los agricultores, destacando la incertidumbre que genera la evolución de los costes. En su valoración, el sector afronta una presión "cuádruple", derivada del encarecimiento de la energía, el aumento del transporte, las disrupciones en la cadena de suministro y la inflación de los insumos.
En conjunto, los productores advierten de que esta combinación de factores pone de relieve la vulnerabilidad del sistema alimentario británico ante crisis externas y alertan de que, sin medidas de apoyo, podría producirse una reducción de la producción nacional y un mayor recurso a las importaciones.
Fuente: aenverde.es