La fresa mexicana enfrenta un nuevo frente comercial en Estados Unidos, su principal destino con un 90% de las exportaciones, lo que convierte cualquier medida en un factor de riesgo directo para productores, exportadores y toda la cadena logística. Con una producción concentrada en Michoacán, Baja California, Guanajuato y Jalisco, el sector genera en torno a 1.000 millones de dólares anuales.
A comienzos de año, el Departamento de Comercio de Estados Unidos inició una investigación antidumping sobre las fresas frescas de invierno procedentes de México, tras una denuncia presentada por la coalición Strawberry Growers for Free Trade. El organismo considera que los exportadores mexicanos podrían estar vendiendo por debajo de su valor justo, presionando así los precios en el mercado estadounidense durante la temporada invernal.
Así, se ha establecido un margen preliminar de dumping del 18,32%, cifra que podría modificarse conforme avance el análisis de los datos financieros y de costes. La resolución preliminar está prevista para finales de junio.
El volumen de comercio implicado explica la relevancia del caso. Entre noviembre de 2024 y marzo de 2025, Estados Unidos importó más de 200 millones de kilos de fresas mexicanas, por un valor cercano a 933 millones de dólares, según cifras oficiales. Se trata de un mercado amplio y competitivo, en el que cualquier cambio regulatorio tiene efectos inmediatos.
Este expediente no es un hecho aislado, sino que se enmarca en una tendencia más amplia de la política comercial estadounidense, que actualmente mantiene más de 800 medidas antidumping y compensatorias activas para proteger a sus industrias. Un precedente reciente es el del tomate, que el año pasado fue objeto de una cuota antidumping del 17%, una medida que el Gobierno mexicano considera injustificada.
Más allá de un producto concreto, la preocupación se extiende al conjunto de la relación agroalimentaria entre México, Estados Unidos y Canadá, basada en décadas de integración.
Aunque se reconocen beneficios como una mayor oferta, precios más competitivos y un mercado regional dinámico, también emergen tensiones que podrían alterar ese equilibrio. Entre los factores señalados figuran el uso de medidas comerciales sin base técnica, el incumplimiento de acuerdos sanitarios y el incremento de los subsidios agrícolas en Estados Unidos, que han alcanzado cerca de 12.000 millones de dólares para granos y oleaginosas.
En este contexto, México defiende que las decisiones comerciales deben apoyarse en criterios técnicos y evidencia científica, para evitar distorsiones de mercado y conflictos políticos que afecten a las cadenas productivas.
La próxima revisión del T-MEC se perfila como el escenario donde se abordarán estas diferencias. El país busca mantener el modelo de integración regional, al tiempo que refuerza la protección de sus sectores más expuestos.
Paralelamente, el Gobierno mexicano trabaja en medidas internas para reducir vulnerabilidades. A corto plazo, la atención se centra en el avance de la investigación sobre la fresa, cuya resolución preliminar marcará el rumbo de posibles actuaciones futuras sobre otros productos agrícolas.
Fuente: expansion.mx