"La producción brasileña se ha mantenido prácticamente sin cambios durante los últimos 15 años, en torno a 1,2 millones de toneladas. La producción de lima no ha crecido en mucho tiempo", afirma Waldir Promícia, CEO de Itacitrus, señalando que la superficie plantada —aproximadamente 60.000 hectáreas— experimenta un constante proceso de renovación.
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Este equilibrio responde a una dinámica en la que nuevas plantaciones compensan la pérdida de áreas productivas, muchas veces afectadas por factores fitosanitarios. Entre los principales desafíos destacan enfermedades como el greening y el cáncer cítrico, que incrementan los costos y condicionan nuevas inversiones. "El productor sabe que va a tener que luchar contra estas plagas desde el inicio", explica.
En términos geográficos, el liderazgo histórico del estado de São Paulo comienza a diversificarse. Aunque sigue siendo el principal polo productivo, su peso relativo disminuye frente al crecimiento de nuevas regiones como Bahía, donde aumentan tanto las plantaciones como las exportaciones.
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Brasil mantiene una posición diferenciada en el mercado internacional gracias a su capacidad de suministro continuo. A diferencia de otros grandes productores, el país exporta lima Tahití durante todo el año. "Brasil es el único país que ofrece limón a Europa sin ventana de suministro", destaca Promícia.
Esta regularidad ha permitido al país ganar cuota frente a competidores como México, cuya oferta se concentra en determinados periodos. Como resultado, Europa se consolida como el principal destino de las exportaciones brasileñas.
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Además, el consumo muestra una tendencia positiva. En el mercado interno, el crecimiento anual se sitúa entre el 5% y el 8%, impulsado por una mayor conciencia sobre los beneficios del producto. "Una vez que el consumidor empieza, nunca deja de consumir limón", afirma. "En Europa, el aumento puede alcanzar entre el 15% y el 20% en determinados años, reflejando una demanda vinculada a hábitos de vida saludables".
A pesar de estos indicadores, el comportamiento del mercado presenta una alta volatilidad, especialmente en precios. Promícia reconoce la dificultad de anticipar tendencias: "El limón es un producto muy difícil de analizar, nadie sabe exactamente por qué suben los precios".
Factores indirectos, como la disponibilidad de otros cítricos o cambios en los hábitos de consumo, pueden influir de forma inesperada en la demanda.
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El sector también enfrenta limitaciones logísticas y arancelarias. Para Brasil aplica un arancel del 12,8% a sus exportaciones hacia Europa, a diferencia de competidores como México o Perú. A esto se suma una infraestructura portuaria aún en desarrollo.
"Este impuesto lo recauda la Unión Europea y no Brasil; somos el único país que aún lo paga. Todos los demás países que exportan limas a la UE están exentos, ya que se trata de un impuesto a la importación. Con el acuerdo firmado entre Brasil y la Unión Europea, este impuesto debería eliminarse en 7 años", señala.
No obstante, estas barreras no han frenado el crecimiento exportador. "La combinación de disponibilidad anual, calidad del producto y expansión geográfica posiciona a Brasil como un actor en el mercado global de lima Tahití, con perspectivas de continuidad más que de expansión acelerada", concluye.
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