"Las frutas brasileñas van a Europa cuando Europa no está produciendo o con especies que no puede producir por cuestiones técnicas y climáticas", señala Jorge de Sousa, gerente de proyectos de Abrafrutas, subrayando que este intercambio no es nuevo, pero sí está en proceso de intensificación. En este sentido, recalca que la relación comercial beneficia a ambas regiones: "Esto genera bienestar tanto para la población europea como para la brasileña".
La diversificación de destinos es uno de los pilares de la estrategia exportadora brasileña. Europa se mantiene como un mercado importante, especialmente ante la perspectiva de acuerdos comerciales que podrían mejorar las condiciones de acceso. "El acuerdo hace que las tarifas sean más justas. O todo el mundo paga o nadie paga", afirma, destacando la importancia de competir en igualdad de condiciones.
© Diana Sajami | FreshPlaza.es
Más allá de Europa, el mercado estadounidense sigue siendo fundamental para las exportaciones brasileñas. "A los importadores americanos les gusta la fruta brasileña, la quieren", asegura De Sousa. A pesar de ciertas tensiones políticas y arancelarias, productos como mango, papaya o açaí continúan llegando a Estados Unidos, lo que demuestra la solidez de la demanda. "Es mucho más una cuestión política y gubernamental que de mercado", añade.
Asimismo, Brasil explora oportunidades en mercados más lejanos, como Asia, donde existe una creciente demanda de frutas tropicales. Sin embargo, este crecimiento se ve condicionado por uno de los principales obstáculos del sector: la logística. "Tenemos una demanda inmensa de frutas tropicales para países asiáticos, pero la falta de logística marítima nos obliga a usar transporte aéreo, lo que encarece el producto", explica.
Esta limitación logística no es exclusiva de Brasil, sino que responde a una problemática global. "Los costos están altos y la disponibilidad de líneas no es la que nos gustaría", afirma. La mejora de estas condiciones será fundamental para que el país pueda ampliar su presencia en mercados más distantes.
Otro factor que condiciona el desarrollo exportador es la disponibilidad de mano de obra en el campo. "Las nuevas generaciones no quieren trabajar en la agricultura, independientemente de los salarios", advierte De Sousa. A diferencia de otros sectores agrícolas más mecanizados, la producción de fruta fresca sigue dependiendo en gran medida del trabajo manual, lo que limita la capacidad de expansión.
En paralelo, Brasil también participa en un flujo comercial bidireccional dentro de la región. Aunque es un gran productor, el país importa determinados productos para complementar su oferta interna. "Buena parte de las naranjas de mesa que consumimos en Brasil son uruguayas", comenta, reflejando cómo la calidad y especialización también influyen en los intercambios.
Para el futuro, el sector apuesta por reforzar su presencia internacional mediante la apertura de nuevos mercados y la consolidación de alianzas estratégicas. "Hay oportunidades para todos y queremos intensificar este intercambio", concluye De Sousa, destacando el papel de Brasil como actor importante en el comercio global de frutas.
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