El anuncio de un alto al fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán, condicionado a la reapertura segura del estrecho de Ormuz, ha generado expectativas de distensión en una de las rutas marítimas más sensibles del mundo. Teherán confirmó su adhesión al acuerdo y el inicio de conversaciones con Washington en Islamabad, pero el sector naviero sigue actuando con prudencia ante la falta de garantías de seguridad.
La naviera Maersk considera que la tregua podría facilitar parcialmente el tránsito por el Estrecho de Ormuz, aunque advierte que el escenario actual aún no permite retomar la operativa habitual.
"Por ahora, adoptamos un enfoque cauteloso y no estamos realizando cambios en servicios específicos", señaló la compañía a Reuters. "El alto al fuego puede generar oportunidades de tránsito, pero todavía no proporciona plena certeza marítima y necesitamos comprender todas las posibles condiciones asociadas".
La empresa subrayó que cualquier decisión sobre el paso de buques por la zona dependerá de evaluaciones constantes de riesgo, del seguimiento de la situación de seguridad y de las directrices de autoridades y socios.
Mientras tanto, Maersk continúa apoyándose en soluciones alternativas, como el uso de "puentes terrestres" a través de puertos de Arabia Saudí, Omán y Emiratos Árabes Unidos, desde donde la carga se traslada por vía terrestre hacia destinos del Golfo.
La naviera, que el mes pasado suspendió reservas hacia varios puertos de la región e introdujo recargos de emergencia por combustible, asegura que seguirá monitorizando la evolución del conflicto antes de adoptar nuevas decisiones.
Por su parte, Hapag-Lloyd se muestra ligeramente más optimista, aunque también condiciona cualquier avance a la estabilidad del alto al fuego. La compañía estima que la normalización completa del tráfico marítimo podría tardar entre seis y ocho semanas.
Durante un encuentro con clientes, su consejero delegado, Rolf Habben Jansen, reconoció que el conflicto en Oriente Medio continúa afectando de forma significativa al transporte marítimo y a las cadenas de suministro globales.
Aun así, la naviera contempla reabrir reservas hacia el Alto Golfo en el corto plazo, inicialmente de forma selectiva y siempre que la tregua se mantenga.
El impacto económico de la crisis sigue siendo elevado. Hapag-Lloyd calcula sobrecostes semanales de entre 50 y 60 millones de dólares, por encima de sus previsiones iniciales, y anticipa que parte de este incremento se trasladará a los clientes.
Además, la compañía indicó que cerca de 1.000 buques permanecen retenidos en la región, seis de ellos de su flota, con una capacidad conjunta de unos 25.000 contenedores.
Pese al anuncio de negociaciones y al alto al fuego temporal, el sector marítimo coincide en que la estabilidad en el estrecho de Ormuz aún está lejos de consolidarse. La evolución de la seguridad en la zona será clave para determinar cuándo —y en qué condiciones— podrá recuperarse la normalidad en una de las principales arterias del comercio mundial.
Fuente: mundomaritimo.cl