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La granada, una fruta medicinal

La Granada (Punica granatum) es un arbusto grande que llega a los 6 metros de altura, es originario de la región que abarca Irán hasta el norte de los Montes Himalayas en la India, según los botánicos.

Es una fruta que se ganó el aprecio en las zonas desérticas por estar protegida de la desecación por su gruesa piel, lo que permitía que las caravanas le pudieran llevar a grandes distancias sin que le afectara en la conservación de su sabor y en especial de sus propiedades medicinales y nutricionales.

Se conoce el cultivo de la granada desde hace aproximadamente cinco mil años en el Asia occidental y n el norte de África, de su jugo se preparaba en la antigüedad un vino ligero de sabor delicioso.

Hipócrates, el Padre de la Medicina la recomendaba contra la fiebre y como fortificante “contra la enfermedad de Llombay”, tiene excelentes propiedades para combatir la diarrea y la disentería por su gran poder astringente.

Actualmente ocupa el lugar denominado “Superfrutas” por los compuestos químicos de acción regenadora que posee, es rica en antioxidantes, y potasio, calcio, magnesio, hierro, manganeso, cobre, zinc y vitaminas esenciales C, B y E, de los granos de la granada se prepara una bebida llamada “sambu”, utilizada en curas de regeneración y limpieza interna, que además hace perder el sobrepeso.

Forma de uso
Se utilizan las frutas, hojas y ramas tiernas. Para uso externo se prepara un té fuere con 50 a 70 gramos por litro de agua que se hierve por tres minutos y se utiliza como gárgaras en casos de amigdalitis, infecciones de la garganta o la boca y tos persistente, el mismo preparado es bueno para cicatrizar cualquier herida.

En su uso interno, se usan 20 gramos por litro de agua para casos de fiebre, diarrea, cólicos e incluso vermífugo, tiene también suave acción como duirético e hipertensivo.

Las fibras de la granada son insolubles e irritantes, por lo tanto no se recomiendan a personas que padezcan diverticulitis.
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