La campaña de la patata comenzó a comienzos de verano en la región de La Rioja Baja y ahora se traslada a la Alta, donde se mantendrá hasta entrado el mes de octubre. Se prevé una producción dentro de la normalidad, aunque la cosecha se ha adelantado debido a las lluvias veraniegas, que han acelerado su ciclo.
El cultivo de patatas en La Rioja ha experimentado un declive continuo en las últimas décadas. A comienzos de los noventa la superficie dedicada a su producción superaba las 7.000 hectáreas, mientras que en el año 2018 descendió a 1.040 hectáreas, su mínimo, con una producción de 38.565 toneladas.
Como explica Alberto Castro, técnico de la cooperativa Rioja Alta de Santo Domingo de La Calzada, "en los últimos años ha habido cierta estabilidad, pero la superficie ha seguido bajando poco a poco. Nosotros manejamos en torno a 450 hectáreas, pero hemos estado por encima de las 600. La rentabilidad no es mala, pero es un cultivo más pesado que otros que son más sencillos, ya que tiene una campaña más larga, requiere maquinaria, mano de obra para recogerla...".
Entrado agosto, se comenzaron a cosechar las variedades de patata temprana, en un proceso que se está acelerando: "Le han influenciado las tormentas de verano, acortando el ciclo por lo que ahora hay mucha patata disponible para cosechar", apunta Castro. La cooperativa Rioja Alta destina prácticamente la totalidad de su cosecha a la industria, con contratos previos de pago por parte de sus clientes, y "buscando en la patata calidad de fritura".
Fuente: larioja.com