Científicos de la Universidad de Oxford y el Instituto Thünen en Braunschweig han investigado cómo se puede desarrollar una agricultura más saludable y respetuosa con el clima mediante el rediseño de las subvenciones agrícolas mundiales. Los resultados han sido publicados en la revista Nature Communications.
A nivel mundial, se gastan anualmente más de 200.000 millones de dólares estadounidenses en servicios gubernamentales para la agricultura. El principal planteamiento es apoyar los sistemas agrícolas y las granjas existentes, más que la producción de alimentos saludables y respetuosos con el clima. Vale la pena repensar el sistema actual, dado que la agricultura, incluido el transporte, el procesamiento y la distribución de alimentos, es responsable de un tercio de todas las emisiones de gases de efecto invernadero, y que muchas enfermedades graves pueden atribuirse a dietas desequilibradas.
En un nuevo estudio, el Dr. Marco Springmann, de la Universidad de Oxford, y el Dr. Florian Freund, del Instituto Thünen para el Análisis de Mercado, analizan las opciones de reforma de las subvenciones agrícolas que mejorarían la producción respetuosa con el clima y la salud pública. Mediante modelos de cálculo, analizaron diversas variantes, todas las cuales tienen en común que una parte de las subvenciones están vinculadas al cultivo de alimentos que son saludables y producidos de manera sostenible. Eso significa más productos hortícolas como frutas, verduras, frutos secos y legumbres, y menos ganado.
Actualmente, solo una cuarta parte de las subvenciones agrícolas se utilizan para productos hortícolas. El resto se destina a cereales y semillas oleaginosas (alrededor de un tercio), gran parte de las cuales se utiliza en la alimentación animal, o se destina directamente a la producción ganadera (granjas de carne y leche). Si las suvenciones agrícolas se usaran en su totalidad para el fomento de alimentos beneficiosos para la salud y el medio ambiente, la producción de frutas, verduras, frutos secos y legumbres en los países de la OCDE (incluidos la UE, EE. UU. y Japón) se incrementaría un 19%, y la de países no pertenecientes a la OCDE, como China, Rusia e India, se incrementaría un 3%. Las emisiones de gases de efecto invernadero disminuirían ligeramente, principalmente por la reducción del consumo de carnes y lácteos y de alimentos básicos asociado al aumento de productos hortofrutícolas (en países de la OCDE, -1,7%; en países no pertenecientes a la OCDE, -0,2%).
El consumo de frutas y verduras aumentaría significativamente debido al cambio en la oferta: un 10% en los países de la OCDE y un 5% en los países no pertenecientes a la OCDE. Esto reduciría la mortalidad relacionada con la dieta en unas 440.000 personas al año, según los modelos de cálculo.
Objetivos encontrados
Sin embargo, los resultados del estudio también muestran que hay una serie de contrapartidas. Eliminar por completo las subvenciones agrícolas podría ser económica y ambientalmente beneficioso, pero podría tener un impacto negativo en la salud de la población. Por el contrario, redirigir todas las subvenciones a la producción de alimentos saludables que se produzcan de manera respetuosa con el clima mejoraría la salud pública y reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero, pero tendría impactos económicos negativos.
El enfoque más prometedor era aquel en el que las subvenciones se distribuyen de manera más uniforme en todos los países y todos los pagos están vinculados a la producción de alimentos saludables y compatibles con el clima. Sin embargo, incluso si los países mantuvieran sus niveles actuales de subvención nacional y enlazaran solo la mitad de los pagos, se ayudaría a mejorar la salud y la sostenibilidad.
Reformar las subvenciones agrícolas depende de la voluntad de los políticos, el público y los grupos de interés relevantes. Las duras negociaciones en torno a la reforma de la Política Agrícola Común (PAC) de la UE dan una idea de lo difícil que es tal empresa. Sin embargo, ahora se está promoviendo un planteamiento uso del dinero público para los bienes públicos en amplios círculos en la UE y el Reino Unido, y los agricultores son más recompensados por sus acciones medioambientalmente responsables. Los modelos científicos como los del estudio antes mencionado pueden proporcionar al sector político un marco importante en el que basar sus decisiones.
Para más información:
Dr. Florian Freund
Thünen-Institut für Marktanalyse, Braunschweig
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