La campaña 2025-2026 no ha sido favorable para la cebolla amarilla de exportación en Perú. Tras un ejercicio 2024-2025 en el que los productores lograron, en promedio, recuperar su inversión, el ciclo actual ha estado marcado por retornos ajustados e incluso pérdidas, según explicó Fernando Gómez, gerente general de Semiagro.
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En el país, las cosechas de cebolla amarilla dulce —principalmente tipo gránex, destinada a exportación— se inician en junio y pueden extenderse hasta febrero o marzo del siguiente año, dependiendo del mercado. En los últimos años, el calendario se ha ampliado por la apertura de nuevos destinos, aunque el desempeño económico ha sido irregular.
Uno de los factores determinantes ha sido el comportamiento climático. "Durante 2024 y 2025 se registraron condiciones de La Niña leve a normales, lo que favoreció producciones estables y buenos volúmenes no solo en Perú, sino también en otros países del continente. Este escenario generó una sobreoferta internacional y, en consecuencia, precios de regulares a bajos", comentó Gómez.
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Aunque las condiciones climáticas permitieron buenas cosechas, el rendimiento promedio por hectárea ha mostrado una tendencia descendente. "Si hace algunos años era posible alcanzar potenciales cercanos a las 100 toneladas por hectárea en la costa peruana, actualmente los promedios se sitúan más cerca de las 70 toneladas. Esta reducción impacta directamente en los costos por kilo producido", señaló.
El aumento del costo de la mano de obra en Perú es otro elemento que incide en la competitividad del cultivo, especialmente frente a sectores como arándanos, uvas o paltas, que pueden absorber mayores salarios.
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A ello se suman desafíos fitosanitarios vinculados al monocultivo. "Problemas como Fusarium (hongo de suelo), Stemphylium (hongo foliar) y trips afectan los rendimientos y obligan a los productores a buscar nuevas variedades con mayor tolerancia. En este contexto, el recambio varietal se ha intensificado, con el objetivo de recuperar productividad y estabilidad", subrayó.
La producción de cebolla amarilla de exportación se concentra mayoritariamente en el sur del país. Aproximadamente el 85% del área se ubica en la región de Ica, seguida por Arequipa. En los últimos años, el área sembrada pasó de unas 2.500 a 3.200 hectáreas, reflejando un crecimiento sostenido hasta la campaña actual.
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"Sin embargo, para el ciclo 2026-2027 se percibe desánimo entre los agricultores, lo que podría traducirse en una reducción del área de siembra. De confirmarse esta menor oferta, el mercado podría mostrar una recuperación en los precios", detalló.
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"Estados Unidos se mantiene como el principal destino de la cebolla amarilla peruana. Europa, por su parte, viene mostrando un crecimiento en la demanda. Un dato relevante es el cambio en la preferencia de calibres: mientras antes predominaban los tamaños medianos para preempaque, recientemente se observa mayor interés por cebollas grandes, lo que podría interpretarse como una señal de menor disponibilidad en origen", concluyó.
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Fernando Gómez
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