La Asociación Nacional de Comercializadores y Productores de Ajo (ANPCA) celebró ayer en Las Pedroñeras (Cuenca) su XXIII Asamblea General.
La Asamblea puso de relieve el peso estratégico que tiene el ajo español en el contexto europeo: España representa más del 70% de la producción total de ajo en la Unión Europea, lo que lo convierte en el principal productor y garante del abastecimiento del mercado comunitario. Esta posición de liderazgo se encuentra hoy seriamente amenazada por una serie de factores estructurales que el sector viene denunciando desde hace años y que exigen una respuesta política a la altura del desafío.
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Uno de los puntos centrales del debate fue la pérdida sostenida de rendimientos por hectárea campaña tras campaña, con especial incidencia en el ajo morado, la variedad más tradicional, de mayor calidad y con mayor valor añadido de cuantas se cultivan en España. Esta caída de productividad es consecuencia directa de la política fitosanitaria de la Unión Europea, que ha ido eliminando materias activas imprescindibles para el control eficaz de plagas y enfermedades que afectan al cultivo, especialmente en los meses de mayo, junio y julio.
Las herramientas fitosanitarias actualmente disponibles son no solo ineficaces en comparación con las que existían anteriormente, sino también significativamente más costosas, lo que ha disparado los costes de producción por hectárea. Al distribuirse esos costes crecientes entre un volumen de kilos cada vez menor, el impacto económico sobre el productor se multiplica. Como consecuencia de esta situación, muchos agricultores han optado por sustituir el cultivo de ajo morado por variedades más tempranas, que permanecen menos tiempo en el campo, ofrecen algo más de rendimiento y se ven menos afectadas por las plagas y enfermedades de la segunda mitad de la primavera y el verano. Esta tendencia, sin embargo, supone un retroceso en la calidad y en el valor añadido del ajo español.
La pérdida de competitividad interna se ve agravada por la ineficacia del actual arancel específico al ajo, fijado en 1.200 €/tonelada, que no ha sido actualizado desde el año 2001. El efecto acumulado de la inflación registrada en la zona euro durante los últimos veinticinco años ha erosionado por completo su capacidad protectora: el precio de entrada del ajo chino y, sobre todo, del ajo egipcio —incluso aplicando el arancel vigente de 1,20 €/kg— se sitúa, desde 2019, por debajo de los costes de producción de los agricultores europeos. Esta situación ha propiciado un aumento significativo de las importaciones procedentes de terceros países, principalmente China y Egipto, con productos de menor calidad y menores garantías de seguridad alimentaria, que están desplazando al ajo europeo en el mercado comunitario en las dos últimas campañas.
La XXIII Asamblea General de ANPCA concluyó con una valoración de consenso: si no se adoptan medidas urgentes a nivel europeo, el sector del ajo corre grave peligro de desaparecer.
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