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Joep Ehren, de Smicon (Países Bajos):

"Nuestras trituradoras transforman los residuos de patata y les añaden valor"

Allá donde se producen patatas fritas y otros productos procesados con las patatas como materia prima suele haber máquinas de Smicon. Esta empresa familiar holandesa desarrolla y fabrica equipos que añaden valor a los residuos generados por el procesado de alimentos. "Estamos especializados en el aprovechamiento de subproductos del procesado de patatas", explica Joep Ehren, director de ventas internacionales. "En todo el mundo, desde Europa hasta Australia, ofrecemos máquinas que permiten convertir los residuos en piensos o biogás".

© Smicon

Expertos en reciclaje
Tonnie y Gerthy Smits sentaron las bases de Smicon en 1980 con A. Smits Constructies, que construía establos y sistemas de alimentación para el sector agrícola. A mediados de los noventa, la empresa desarrolló las primeras trituradoras y moledoras para residuos de patatas, lo que marcó el inicio de su especialización en el tratamiento de flujos residuales. Desde su cambio de nombre a Smicon en 2004, la empresa familiar se ha establecido como actor internacional en tecnología de reciclaje, con cientos de instalaciones en todo el mundo.

En la actualidad, Smicon está muy centrada en el tratamiento de flujos residuales de supermercados y restaurantes, separando los envases de la materia orgánica. "Ese es nuestro mayor mercado", afirma Joep, "aunque el sector de la patata sigue siendo esencial. Casi todos los grandes procesadores europeos de patatas utilizan nuestras máquinas".

© Smicon

Tres productos clave
En el sector de las patatas fritas hay tres productos clave: trituradoras, picadoras y prensas de tornillo. Las trituradoras procesan las patatas descartadas para alimentación animal u otros usos. Las trituradoras transforman las patatas peladas al vapor en un puré uniforme para la alimentación de cerdos. Las prensas de tornillo extraen el líquido de los flujos residuales, simplificando la logística y reduciendo los costes de transporte y las emisiones de CO₂. "El objetivo es siempre el mismo: lograr que los flujos residuales sean útiles, sostenibles y económicos", explica Joep.

La innovación desempeña un papel clave. Materiales duros como piedras, tornillos e incluso metralla pueden dañar las máquinas, por lo que Smicon desarrolló una aplicación para recoger y separar las partículas pesadas, reduciendo así el desgaste y las averías. Esa innovación viene integrada tanto en las máquinas nuevas como en las anteriores. Smicon también invierte en comodidad y facilidad de uso, con instalaciones pensadas para reducir el ruido de la picadora y un servicio remoto que facilita el mantenimiento.

© Smicon

Construir máquinas que duren décadas
La sostenibilidad es fundamental, tanto desde un punto de vista medioambiental como económico. Los flujos residuales se convierten en pienso para animales e insectos o en biogás, lo que minimiza el consumo de energía y el transporte. A nivel interno, Smicon también trabaja de manera sostenible, con una producción sin gas, suministros de origen europeo, ropa de trabajo reciclable y entornos de trabajo ergonómicos.

A pesar de su expansión mundial, la cultura de la empresa sigue siendo familiar. "No nos vamos hasta que el cliente haya logrado un rendimiento del 100%", asegura Indy Aengenend, responsable de marketing. La innovación también es vital, así que, en colaboración con los clientes, el departamento de I+D de la empresa somete las nuevas aplicaciones a pruebas exhaustivas. Las máquinas Smicon son robustas y pueden durar 25 años con facilidad. "No fabricamos productos desechables. Nuestras máquinas funcionan bien durante décadas, y eso encaja con lo que somos y con el futuro sostenible que queremos conseguir", concluye Joep. (JG)

Para más información:
Smicon
Tel.: +31 (0)485 45 33 96
[email protected]
www.smicon.nl

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