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Violencia y presión en los precios agravan la situación del mango en el norte de Perú

Aunque el paro de productores de mango en el norte del país fue levantado durante el último fin de semana, la tensión en el sector continúa. De acuerdo con una entrevista anónima a un exportador, la campaña atraviesa uno de sus momentos más delicados, combinando precios internacionales a la baja, altos volúmenes de exportación y un clima de inconformidad que recientemente derivó en actos de violencia y bloqueos al transporte.

Según la fuente consultada, el paro se originó por la exigencia de un grupo de productores de recibir 50 soles por jaba de 20 kilos, lo que equivale a aproximadamente 0,75 dólares por kilo en campo. Sin embargo, al sumar los costos de cosecha y transporte hasta planta, el costo real se eleva a cerca de 0,78 dólares por kilo. "Con los precios actuales del mercado, ese nivel no es rentable", señaló el entrevistado.

© Fuente anónima

La situación se vuelve aún más compleja por el contexto internacional. Solo hacia Estados Unidos se espera el arribo de entre 430 y 450 contenedores de mango peruano en una misma semana, un volumen significativamente mayor al de semanas previas. Actualmente, el mercado estadounidense se mueve en un rango aproximado de 6 a 7 dólares por caja, precios que, según operadores del sector, tienden a caer aún más conforme aumente la oferta. En ese escenario, asumir los precios exigidos en origen resulta inviable para exportadores y empacadores.

Durante los días del paro, se registraron bloqueos de carreteras y restricciones al transporte de fruta en zonas productoras de Piura. La fuente entrevistada indicó que, en algunos casos, no solo se impidió el traslado de mango, sino también la cosecha, incluso en campos propios. Estas acciones paralizaron temporalmente la actividad exportadora y generaron un clima de fuerte inseguridad para transportistas y trabajadores.

Aunque el bloqueo formal fue levantado, persiste la preocupación por el aumento de la violencia, un fenómeno que, según el sector, se viene observando desde diciembre. Estas prácticas chocan directamente con los estándares sociales y laborales exigidos por certificaciones internacionales como SMETA y GRASP, fundamentales para el acceso a determinados mercados.

A este escenario se suma el impacto de las lluvias en campo. Durante los días del paro se registraron precipitaciones constantes, lo que ha dejado los campos con mayor humedad y ha incrementado el riesgo de problemas sanitarios como la antracnosis. Esto obliga a realizar una selección más estricta de la fruta y eleva los costos operativos, justo en un momento en que los precios no acompañan.

Por ahora, la cosecha se ha reanudado, pero la entrevista anónima advierte que el malestar continúa. Con aún varias semanas de campaña por delante y con nuevas zonas productoras entrando en volumen, el sector teme que, si los precios siguen cayendo, las protestas puedan repetirse.

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