Los incendios forestales que afectan a las regiones del Ñuble y Biobío han generado una grave emergencia social y ambiental en Chile, con miles de hectáreas consumidas por el fuego, comunidades devastadas y una alta pérdida de viviendas. Sin embargo, de acuerdo con fuentes del sector frutícola, el impacto directo sobre la producción de fruta de exportación ha sido, hasta ahora, limitado.
Christopher Dixon, representante de la exportadora Río Blanco, explicó que las zonas más afectadas corresponden principalmente a áreas forestales. "Esa es una zona principalmente forestal y, a priori, no hay nadie con un problema grave en cuanto a producción", señaló. Según Dixon, si bien existen producciones de cerezas y arándanos en zonas como Angol, estas representan un porcentaje reducido del total nacional. "Estamos hablando de menos del 10% de la producción", añadió, destacando que las principales zonas frutícolas del país —como la Sexta y Séptima Región— no han sido impactadas de manera relevante.
Uno de los efectos indirectos mencionados por Dixon tiene relación con la logística portuaria. El incendio en el sector de Lirquén obligó a suspender temporalmente las operaciones del puerto, lo que podría generar una redistribución de cargas hacia otros terminales. "Todo lo que trabaja ese puerto se va a ir a otro, y puede que de alguna manera nos afecte", explicó, aclarando que, por ahora, se trata solo de un posible ajuste operativo.
Desde el gremio Frutas de Chile, la evaluación coincide en que no existen daños directos a la fruticultura de exportación. En una declaración oficial, la entidad expresó su solidaridad con las comunidades afectadas y señaló que "hasta ahora, no se registran afectaciones directas a las zonas frutícolas", aunque indicó que la situación se está monitoreando de forma permanente.
Una visión similar entregó Nicolás Yavar, de UPAC Fruit, quien recalcó que el daño ha sido mayoritariamente forestal y urbano. "El daño es forestal, no es productivo, frutícola", afirmó, explicando que los incendios se han concentrado en sectores costeros y precordilleranos donde la actividad frutícola es marginal. "Puede haber algún daño puntual, pero sería marginal y no afecta a la industria", agregó.
Aunque el impacto productivo sea limitado, las fuentes coinciden en que la magnitud de la tragedia humana es significativa. Pueblos enteros, viviendas, infraestructura pública y vidas humanas se han visto afectadas, configurando una de las emergencias más graves de los últimos años. El sector frutícola, si bien no ha sufrido daños estructurales, sigue atento a la evolución de los incendios y a posibles efectos indirectos en logística y operaciones.