El cultivo de arándano en Colombia ha experimentado una expansión acelerada en la última década, aunque todavía no logra consolidarse como una agroindustria exportadora de gran escala. Así lo expuso Camilo Lozano, vicepresidente de Asocolblue, gremio que agrupa a los principales productores del país, al presentar un panorama actual del sector.
Colombia cuenta hoy con alrededor de 1.000 hectáreas sembradas, concentradas principalmente en Boyacá y Cundinamarca, departamentos que reúnen cerca del 50% del área cada uno. Antioquia suma aproximadamente 60 hectáreas, mientras que el resto corresponde a proyectos de menor tamaño en otras regiones. Con esta superficie, la producción nacional se sitúa en torno a 20.000 toneladas anuales.
El crecimiento ha sido significativo si se compara con el punto de partida: hace diez años apenas existían unas 40 hectáreas cultivadas. Para este año se proyecta un aumento cercano al 20%, lo que refleja el interés de inversionistas y productores.
Sin embargo, Lozano advierte que el avance es insuficiente frente al potencial del país. A su juicio, Colombia podría alcanzar entre 5.000 y 10.000 hectáreas en el mediano plazo, aunque para ello se requiere mayor inversión, más escala productiva y la entrada de empresas de mayor tamaño.
En materia comercial, cerca del 90% de las exportaciones colombianas de arándano tienen como destino Estados Unidos, mientras Europa ocupa el segundo lugar. Asia, por ahora, no representa una opción regular debido a restricciones fitosanitarias y a los tiempos de tránsito marítimo, que pueden superar los 30 días.
Pese al interés internacional, el sector enfrenta una limitación clave: el volumen. En el mercado interno, el negocio ya mueve cifras relevantes. El comercio formal supera los $200.000 millones anuales, a lo que se suman importaciones por cerca de $50.000 millones, principalmente desde Perú y Chile, lo que evidencia que la oferta local aún no cubre completamente la demanda.
Lozano subrayó que el arándano no es un cultivo tradicional, sino un negocio agroindustrial que exige inversión, conocimiento técnico y planificación. Para iniciar un proyecto sostenible se requieren al menos $1.200 millones. Entre los principales costos figuran los invernaderos con techo antigranizo y antipájaros (alrededor de $400 millones), sistemas de riego que pueden oscilar entre $70 y $100 millones, y el material vegetal, cuyo precio va de US$4 a US$4,50 por planta. Con densidades aproximadas de 6.500 plantas, esta partida supera los $100 millones, sin incluir la mano de obra.
Precisamente el componente laboral representa cerca del 70% de los costos de producción, por lo que el aumento del salario mínimo podría impulsar un alza cercana al 10% en los precios para 2026.
Fuente: agronegocios.co