Upala, en la provincia de Alajuela, forma parte del corredor productivo del norte —junto con Los Chiles y Guatuso— donde se concentra una parte significativa del área sembrada de piña MD2 destinada a exportación desde Costa Rica. También destacan zonas como Sarapiquí y San Carlos, que han consolidado infraestructura, empaque y logística para atender los programas con Estados Unidos y Europa.
"Costa Rica sigue siendo el referente mundial en piña fresca, pero hoy el mercado exige más precisión en volúmenes y calidad", afirma Alfredo Volio, de Upala Agrícola. Según explica, la producción nacional se ha estabilizado tras años de expansión, con ajustes en áreas sembradas para evitar sobreoferta y caídas bruscas de precios.
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En términos de volúmenes, Estados Unidos continúa siendo el principal destino, seguido por la Unión Europea. "El mercado norteamericano es más dinámico en rotación, mientras que Europa es más estructurado y exigente en certificaciones", señala. En ambos casos, los supermercados han reforzado controles en residuos, sostenibilidad y cumplimiento social.
Uno de los principales retos sigue siendo el incremento en los costos de producción. Fertilizantes, agroquímicos, cartón y mano de obra han registrado aumentos sostenidos en los últimos años. "Hoy producir una caja cuesta significativamente más que hace tres o cuatro años, pero el precio de venta no siempre acompaña ese incremento", advierte Volio.
En cuanto a precios, Volio indica que el mercado ha mostrado fluctuaciones. "Hemos visto semanas con buena demanda y precios firmes, pero también momentos de presión cuando coinciden mayores volúmenes", explica. La competencia de otros orígenes es limitada frente al liderazgo costarricense, pero los compradores mantienen una estrategia de diversificación para reducir riesgos.
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A nivel competitivo, Costa Rica mantiene ventaja en logística y experiencia, aunque otros orígenes como Filipinas —principal proveedor en Asia y Medio Oriente— y algunos proyectos en América Latina buscan ganar espacio en mercados alternativos. No obstante, Volio considera que "la consistencia en calidad y la capacidad de cumplir programas todo el año siguen siendo la fortaleza costarricense".
El comportamiento climático también ha influido en la planificación. Periodos de lluvias intensas o sequías afectan rendimientos y calibres. "El clima ya no es tan predecible; eso obliga a una gestión más técnica y a monitorear mejor cada lote", comenta.
Al futuro, el sector apuesta por eficiencia operativa, innovación agronómica y relaciones comerciales estables. "El consumidor sigue demandando piña; el reto está en mantener competitividad en un entorno cada vez más ajustado", concluye.
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Luis Vásquez
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Costa Rica
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