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La volatilidad de precios tensiona la cadena de valor de la pitahaya en Ecuador

La producción de pitahaya en Ecuador atraviesa una etapa de crecimiento en exportaciones, pero también de tensiones internas marcadas por la volatilidad de precios, los costos de producción y la necesidad de mayor planificación en la cadena comercial.

El manejo agronómico de la pitahaya exige prácticas como podas periódicas, control del crecimiento de las ramas y sistemas de soporte para evitar que el peso de la fruta comprometa la planta. A esto se suma la gestión de la luz, un factor determinante en el rendimiento: en algunas explotaciones se recurre a iluminación artificial durante varias horas nocturnas en temporadas frías para evitar caídas significativas en la productividad.

Sin embargo, no todos los productores logran sostener estos requerimientos. En distintas zonas agrícolas se reportan plantaciones abandonadas debido a los elevados costes de mantenimiento y a la incertidumbre en la rentabilidad. Esta situación se replica también en otras áreas como el cantón Palora, en la provincia de Morona Santiago, uno de los principales polos de producción de pitahaya amarilla del país.

El cultivo ha alcanzado una notable proyección internacional, con presencia en más de 50 destinos y exportaciones que superaron los 272 millones de dólares en 2025, según datos oficiales. El crecimiento del sector evidencia su potencial, aunque no se traduce de forma homogénea en beneficios para todos los actores de la cadena.

Uno de los principales desafíos señalados por los productores es la inestabilidad de los precios en origen. Las variaciones pueden ser abruptas en periodos cortos, lo que dificulta la planificación financiera de las explotaciones. A esto se añaden problemas en la formalización de acuerdos comerciales y retrasos en los pagos, que afectan la liquidez de los agricultores y su capacidad para cubrir costes operativos, mano de obra e insumos.

En este contexto, se plantea la necesidad de mecanismos que aporten mayor estabilidad, como un precio mínimo de referencia y sistemas de regulación que permitan mejorar la transparencia en las relaciones comerciales. También se propone reforzar la planificación de la oferta para evitar desequilibrios entre producción y demanda.

Asimismo, se discuten propuestas legislativas que podrían influir en el funcionamiento del mercado. En las zonas productoras, la actividad continúa condicionada por factores estructurales, desde la organización del cultivo hasta la dinámica de comercialización y exportación.

En paralelo, el sector busca alternativas para consolidar su crecimiento, incluyendo la diversificación de mercados internacionales y el fortalecimiento de acuerdos comerciales que permitan absorber mayores volúmenes de producción. La evolución de estas estrategias será clave para determinar la sostenibilidad del cultivo en los próximos años.

Fuente: expreso.ec

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