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Uruguay: Ajo chino tiene en jaque a los granjeros

Deben tirar su producción y varios pueden abandonar el rubro.

Si no se frena la importación de ajo chino es probable que decenas de pequeños granjeros dejen de cultivar ese producto que, en muchos casos, es el principal ingreso para quienes poseen sólo de 2 a 3 hectáreas.

Miguel Rocca, secretario de la Asociación de Productores Agrícolas de Canelones (APAC), explicó a El Observador Agropecuario que si bien la sequía afectó parcialmente la calidad de lo producido en la última campaña, igual se obtuvo un ajo muy bueno y en cantidad suficiente como para abastecer la plaza local.

“Si no fuera cierto, no tendría ahora en mi casa de 50.000 a 70.000 ajos que nadie me los compra y que los voy a tener que tirar, y conozco gente que tiene mucho más sin poderlo vender”, añadió.

Esto “duele mucho, desanima, es una frustración: uno de mis hijos se había armado un reparto, aprontaba muy bien los ajos en bolsitas y los iba a vender a Florida, pero un día no le compraron más porque entró el ajo chino más barato; los hijos no tienen futuro en esto, a nadie le interesa que lo tengan, el más grande ya está estudiando para rematador…”.

El ajo se planta desde mayo y la siembra se extiende hasta el inicio de agosto. La cosecha comienza a mediados de noviembre y es rápida, no va más allá del 10 de diciembre. El productor ha ido mejorando los manejos de tal modo de obtener un ajo de mayor calidad y disponible todo el año para abastecer a la plaza local con precios razonables. Pero, dicen, el ingreso en de ajo chino cuando no era necesario “destrozó la plaza”.

Rocca explicó que en el ajo de buena calidad el costo productivo rondó los $ 2. Durante un lapso hubo ganancia, se conseguían $ 4,50 en el mercado, incluso era un buen negocio para quienes pagaban $ 0,50 por el comisionante y por el flete.

Todo concluyó en agosto, se autorizó el ingreso de ajo chino que llegó a $ 200 la caja de 10 kilos, a $ 1,50 por cabeza. “Lo peor es que no se dieron 10 o 12 permisos que era lo habitual, se dieron el doble, es más, además de pensar en la plaza local muchos trajeron para llevarlo a Brasil y eso es hacer dumping”, denunció.

Cuando se manejó disecar el ajo, los industriales los desestimularon diciéndoles que también se importó ajo chino disecado barato: “no gasten en mano de obra, van a perder plata”, les dijeron.

Con mucho ajo preparado sin vender se aproxima otra cosecha con destino incierto.

La problemática del ajo fue uno de los motivos de la movilización de los granjeros. En ese marco, Rocca participó en la reunión con el presidente (José) Mujica. Dijo que “se lo vio sorprendido por esto” y que les dijo que iba a ocuparse de reinstalar la Comisión Asesora de Abastecimiento del Mercado Interno, que dejó de funcionar y donde los productores incidían en las importaciones.

“No se por qué tanto permiso para traer ajo chino cuando el de acá alcanzaba y el precio era razonable, una cabeza de ajo no genera la inflación”, reflexionó Rocca.

“Hay unos 700 granjeros que cultivan ajo, muchos en sólo 2 o 3 hectáreas y si esto no se arregla muchos se irán a los cinturones de pobreza en las ciudades”, dijo.

Toda una vida en la granja.

Miguel Rocca produce en un predio de unas 45 hectáreas, en Canelón Chico, donde reside junto a su esposa y a sus tres hijos de 16, 18 y 23 años.

Comenzó a disfrutar del mundo granjero a los 10 años cuando su madre le enseñó a podar y otras tareas. Su padre era granjero en Las Violetas, Juanicó. Trabajó con viñas, membrillos y duraznos. Hoy, además de ajo, produce cebolla, zapallo kabutiá, calabacín y boniato.

Para sumar un rubro, en rotación produce alfalfa y avena para alimentar terneros que engorda hasta los 300 kilos y los negocia a feedloteros.

“Hace 15 años dejamos de hacer feria y todo lo que producimos lo llevamos al Mercado Modelo”, dijo.

“Nací en la granja, es mi vida”, afirmó con orgullo, “por eso duele que te compliquen las cosas”.


Fuente: Elobservador
Fecha de publicación:

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