El tomate, uno de los pilares de la gastronomía mexicana, refleja las razones detrás del reciente encarecimiento de los alimentos frescos. Según vendedores de mercados, una combinación de condiciones meteorológicas adversas y aumento de costos, agravada por problemas de seguridad, está elevando los precios al consumidor, mientras se anticipan nuevos incrementos en productos agrícolas vinculados a la evolución de fertilizantes y energía, afectados por el conflicto en Medio Oriente.
Aunque la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán aún no impacta directamente los precios en México, representa un riesgo a mediano plazo por su influencia en los mercados globales de insumos agrícolas. El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) se situó en 4,63% anual en la primera quincena de marzo, frente al 3,67% del mismo periodo del año pasado, superando el rango de confort del Banco de México (Banxico) cercano al 3%.
El Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA) señala que los aumentos se concentran en los componentes más volátiles, sobre todo frutas y hortalizas, cuyo subíndice creció 23,91% anualizado.
Productores y vendedores destacan los efectos combinados de clima e inseguridad. José Alfredo Martínez, con 58 años vendiendo tomates en La Condesa, reporta pérdidas de cosechas por nevadas y bloqueos en rutas por el crimen organizado. "Si no pagan, ahí dejan los camiones hasta que se pudren, porque luego del frío les cae un calor tremendo", explica, en referencia a envíos desde Sinaloa, Jalisco y Culiacán.
El GCMA confirma que la subida inmediata de precios se debe a un choque interno de oferta: heladas y daños climáticos en Sinaloa, Zacatecas, Puebla y Morelos redujeron la disponibilidad de tomate rojo, verde y calabacita. El precio del tomate saladette aumentó 86,8% en un año, alcanzando 19,80 pesos por kilo en la Central de Abasto durante la semana del 9 al 13 de marzo, frente a 7,35 pesos en el mismo periodo de 2025.
La inseguridad se ha consolidado como un costo adicional para productores y transportistas, que trasladan los aumentos al consumidor. Esto ha reducido la oferta en mercados locales, dejando espacio para alimentos preparados o productos alternativos.
En el corto plazo, los precios permanecerán volátiles, mientras Banxico evalúa su política monetaria. La subida del impuesto IEPS sobre cigarrillos y refrescos ha ayudado a amortiguar el impacto de los combustibles, pero el conflicto en Irán podría afectar las próximas siembras. México importa el 70% de sus fertilizantes desde Rusia, China y Estados Unidos, y el alza en precios de urea, nitrógeno y amoniaco podría trasladarse a los cultivos.
Aunque Estados Unidos podría compensar parcialmente los suministros de fertilizantes, los productores podrían solicitar apoyo federal para enfrentar el aumento de costos energéticos y agrícolas. Como recordó el economista Milton Friedman, "no hay almuerzo gratis": cada subsidio implica un costo para las finanzas públicas.
Fuente: elpais.com