Las lluvias extraordinariamente abundantes en Andalucía a principios de año retrasaron la siembra de patatas significativamente. No obstante, el buen tiempo podría recortar parcialmente esta diferencia en el momento de la cosecha. La superficie se reduce respecto a la del año pasado tras un año récord en producción.
"La consecución de borrascas con fuertes y constantes lluvias ocasionaron un retraso de más de un mes en la siembra de patata en Sevilla, por lo que la cosecha empezará más tarde", cuenta José Peláez, gerente de Sevillana de Patatas, empresa especialista en la gestión de la producción, transformación y comercialización de patatas tempranas.
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"En estos momentos el clima es bastante primaveral, con temperaturas altas y días muy soleados, por lo que si se mantiene así, sería muy probable que recuperemos parte de ese retraso y en lugar de arrancar la cosecha un mes más tarde estaríamos hablando de unos quince días", indica Peláez.
"Así pues, normalmente empezamos con las recolecciones más tempranas a finales de abril y a principios de mayo ya estamos en plena cosecha, pero este año las primeras cosechas, si continúa haciendo buen tiempo, empezarían a mediados de mayo", avanza.
Mientras tanto, en Cartagena, Murcia, que también es una de las zonas productoras de patata más temprana en España, se prevé que la cosecha empiece en su fecha habitual, hacia finales de abril, al no haberse visto generalmente afectada por el mal tiempo.
De acuerdo con José Peláez, la superficie de patata en Andalucía tras el récord de producción de la campaña anterior, en la que los precios se resintieron por la sobreoferta. "El descenso de la superficie se da especialmente en las plantaciones libres, fuera de contratos de suministro con la gran distribución", señala.
En estos momentos, el mercado europeo se centra en las importaciones de patata nueva de países como Egipto, Israel o Chipre, entre otros. "Nosotros apostamos también por estos productos durante los meses de febrero, marzo y abril, ya que llegan a los mercados europeos en un periodo en el que venimos de disponer solo de patata francesa de conservación de menor calidad culinaria y a precios muy económicos", destaca Peláez.
"Trabajar con lotes de patata nueva de estos países, con precios significativamente más elevados que la patata vieja de conservación, nos permite preparar el mercado para cuando venga la patata nueva española y sea más fácil introducirla por sus cotizaciones. Además de que la calidad es mucho más alta y conseguimos un mayor consumo", sostiene Peláez. "Cuando ya disponemos de patata española, cortamos con estos orígenes para centrarnos solo en el producto nacional. Afortunadamente, las cadenas de supermercado españolas están cada vez más concienciadas y apuestan más por la patata nacional cuando está disponible".
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José Peláez Izquierdo
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