La campaña de patata en el norte de Castilla y León ha comenzado este año con un escenario poco habitual, condicionado por la falta de lluvias y por la experiencia reciente de ejercicios complicados, especialmente en la fase de recolección.
En condiciones normales, la siembra se concentra entre finales de abril y el mes de mayo, siendo este último el periodo más estable para el cultivo en la zona. Sin embargo, la ausencia de previsiones de precipitación ha llevado a parte de los agricultores a adelantar el trabajo en el campo, rompiendo el calendario tradicional.
El agricultor José Martín, de la zona de Aguilar de Campoo y miembro de la empresa familiar Propacer, señala que esta anticipación no es lo habitual. Según explica, algunos productores llevan ya varios días sembrando debido a la necesidad de aprovechar la humedad disponible, aunque reconoce que no es la práctica más recomendable.
El problema, apunta, es que el suelo aún no ha alcanzado la temperatura adecuada. Esa falta de calor ralentiza la nascencia y puede debilitar el desarrollo inicial de la planta, lo que incrementa el riesgo de enfermedades en las primeras fases del cultivo.
La decisión de adelantar la siembra está muy influida por lo ocurrido en campañas anteriores. Las lluvias de primavera en años recientes retrasaron las labores hasta junio en algunos casos, lo que empujó la recolección hacia el otoño, coincidiendo con episodios de mal tiempo que dificultaron la salida del producto.
Ese recuerdo sigue muy presente en el sector y está detrás de la estrategia actual de muchos agricultores, que prefieren asumir ciertos riesgos en la siembra antes que repetir problemas en la cosecha.
Aun así, el movimiento no está exento de incertidumbre. Sembrar en condiciones más frías puede aumentar la vulnerabilidad del cultivo en sus primeras semanas, algo que los propios productores reconocen como un factor a vigilar.
En paralelo, el mercado añade otra capa de complejidad. Existe preocupación por la posible coincidencia de la patata del norte con la producción temprana procedente de otras zonas, lo que podría provocar un exceso de oferta y presión sobre los precios.
Algunos agricultores incluso contemplan almacenar parte de la producción para retrasar su venta y buscar mejores condiciones comerciales a partir del inicio del año siguiente, en función de cómo evolucione la campaña.
La campaña anterior aún no se ha cerrado del todo en términos de salida comercial, con volúmenes almacenados que rondan el millón de kilos, lo que refleja la lentitud del mercado en determinados momentos.
A esto se suma que los precios actuales apenas permiten cubrir costes, lo que limita el margen de maniobra del sector y condiciona tanto la planificación de la siembra como las decisiones de venta.
En este contexto, la campaña se abre con un equilibrio inestable entre clima, experiencia acumulada y mercado, en el que cada decisión agronómica puede tener un impacto directo en el resultado final.
Fuente: revistacampo.es