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"Pudimos realizar envíos de prueba y, finalmente, recuperar el mercado del maíz para los productores tailandeses"

Chris Catto-Smith, nativo de Australia, trabajó durante muchos años en logística y la cadena de suministro en el sudeste asiático, así como en el ámbito empresarial del sector minorista, ocupando altos cargos ejecutivos en cadenas que estaban tratando de introducirse en los mercados asiáticos. Mientras estaba llevando a cabo negociaciones con proveedores de parte de un importante minorista, tuvo lo que él llama un "momento epifánico". Se dio cuenta de que la mayoría de minoristas y compradores gozaban de una ventaja injusta sobre los productores y las cadenas de suministro de productos frescos. Los pequeños agricultores tenían que lidiar con muchas desigualdades y prácticas de compra injustas que repercutían negativamente en el flujo de ingresos de los agricultores y dificultaban la innovación, lo que, a su vez, contribuía a una mala manipulación de los productos, desperdicio de alimentos y prácticas de abastecimiento poco recomendables, quedando a la merced absoluta de las decisiones que tomaban los minoristas, basadas exclusivamente en unos precios insostenibles.

"Decidí aparcar una buena carrera y dedicarme a la implantación de sistemas en la medida de mis posibilidades. Fundé mi empresa, inicialmente llamada Coolcargo y ahora Freshport (Asia), dedicada al desarrollo de infraestructuras de entrada para productos frescos para minoristas de Tailandia y Vietnam, así como al diseño e implantación de instalaciones y soluciones altamente eficientes para la manipulación de perecederos. Entendía la infraestructura de la cadena de frío, pero donde los minoristas tenían margen de mejora era en materia de conocimiento sobre las actividades que conectan la agricultura, la calidad postcosecha, la cadena de frío y la sostenibilidad. Había todo un vacío en este ámbito en Asia", explica Chris.

"También me dediqué a tratar de evitar la pérdida de alimentos, sobre todo en el transporte con cadena de frío de bajo coste, y me apasionó la idea de mejorar las cadenas de suministro agrícola y aprovechar mis conocimientos para hacer cosas que no se habían hecho antes, como utilizar cubiertas térmicas para los palés en lugar de transporte refrigerado. Empecé con el objetivo concreto de reducir la pérdida de alimentos en el transporte desde las zonas agrícolas hasta los comercios minoristas en Tailandia. Al principio, con soluciones centradas en Tailandia, inicialmente con productos ecológicos de alto valor. A raíz de una ponencia que presenté en una conferencia sobre logística de frutas, un alto directivo de una compañía aérea me animó a desarrollar un servicio de transporte aéreo de productos frescos que mejoraría la calidad de la manipulación y, lo que es más importante, reduciría también al mínimo el uso de cajas de espuma de poliestireno.

"Junto a GTZ y la Universidad de Chiang Mai, solicitamos conjuntamente y conseguimos una importante subvención de la Unión Europea para mejorar las exportaciones de productos frescos de Tailandia y Vietnam a Europa, lo que implicaba establecer una cadena de valor integral basada en la carga aérea de productos perecederos. Estudié todas las fases del proceso de manipulación, desde la postcosecha, el envasado, los envíos aéreos, o los precios de las compañías aéreas y los transitarios, hasta la manipulación en destino. En casi todos los eslabones se observaba algún tipo de problema, lo que provocaba enormes pérdidas, reclamaciones y daños de más del 25% debido a un control de temperatura y una manipulación deficientes. Sin embargo, nadie estaba dispuesto a asumir su parte de culpa y a promover la intervención y el desarrollo de una solución integral".

Colaborando con influyentes directivos de Tesco, British Airways, Cargo Terminal Operator y varios de los principales transportistas tailandeses, Chris desarrolló una solución integral para la carga aérea desde Bangkok con el fin de ir implementando mejoras graduales. En ese momento, la industria tailandesa del maíz tierno estaba perdiendo masa crítica rápidamente debido al lastre de unos costes ineficientes, motivando a los compradores a dirigirse a otros países, como la India. Tesco entendió que este proyecto estaba centrado en la seguridad alimentaria y consideró esencial hacer ajustes en el suministro para incluir productos frescos tailandeses. Tailandia era uno de los principales proveedores de maíz tierno a Europa, pero Tesco y otros compradores en el sector del retail estaban a punto de descartar a Tailandia como proveedor.

Dado que la mayoría de envíos se realizaban mediante coste y flete, los exportadores tailandeses de productos frescos solían enviar maíz tierno, muy sensible a las fluctuaciones de temperatura, pagando el flete aéreo, y este acababa en el Reino Unido dañado por la temperatura o rechazado.

"Era una situación muy perjudicial, y debido a unos métodos de recogida tradicionales y anticuados y a unos acuerdos de expedición injustos, sujetos a recortes de gastos o al uso bienintencionado, pero ineficaz, de cajas de poliestireno en todo momento, los agricultores salían perdiendo.

Cuando Chris inició el proyecto, Tailandia enviaba unas 60 toneladas al día al Reino Unido, y para cuando el proyecto se puso de verdad en marcha, la cifra había caído a 10 toneladas al día. Estaban perdiendo cuota de mercado a gran ritmo. No se puede recuperar una explotación de maíz tierno; si se pierde, se pierde. India se estaba haciendo con el mercado del maíz tierno, con la ventaja añadida de una distancia menor para el transporte aéreo al Reino Unido.

"Para este proyecto, analizamos cada eslabón del proceso, desde la cosecha hasta la llegada del producto a los comercios, implementando iniciativas de mejora en cada paso. Pusimos en marcha envíos de prueba y, finalmente, recuperamos el mercado del maíz para los cultivadores tailandeses. Uno de los desafíos a los que nos enfrentamos durante el proyecto fue el requisito de evitar las cajas de espuma de poliestireno, que es lo que tradicionalmente se había usado para envíos por vía aérea, ya que estas se habían convertido en una solución sumamente ineficaz y perjudicial para el medio ambiente. Los agricultores se estaban gastando una fortuna empacando sus productos en cajas de poliestireno y pagando después para que estas pasaran por las cámaras frigoríficas de los aeropuertos, añadiendo bolsas de gel refrigerante al maíz para asegurarse de que mantenían a la temperatura necesaria. La temperatura del producto aumentaba rápidamente durante el trayecto de carga aérea, las cámaras frigoríficas apenas servían para nada. Utilizar poliestireno es lo último que se quiere hacer con productos sensibles y altamente perecederos, así que aconsejamos al expedidor que dejara de usar poliestireno y lo reemplazara por alguna forma de embalaje alternativa que permitiera un enfriamiento adicional antes de cargar el producto en el avión".

Chris inició entonces un proyecto para eliminar el poliestireno de la cadena de suministro de perecederos y desarrollar un servicio integral de manipulación sostenible.

"El poliestireno es relativamente ineficaz para el transporte aéreo de perecederos, ya que reduce la densidad total de la carga. Para transportar 1.200 kg de maíz tierno en poliestireno se necesitan tres contenedores de transporte AKE, cada uno con solo unos 350 kg de producto neto al que se añaden bolsas de gel y, a veces, pequeñas cantidades de hielo seco. Sin embargo, las aerolíneas cobran el peso volumétrico, normalmente unos 600 kg, lo que supone un ratio de penalización del 1,7 en los costes. La última cuestión a resolver fue el efecto de la eliminación del poliestireno del AKE, que sustituimos por espuma EPE reflectante precortada y ajustada en el interior del AKE antes de cargarlo en la cámara frigorífica y sellar la abertura. De este modo, se sustituyó el poliestireno por una única envoltura aislante, evitando así el calor que transmitiría la cubierta del AKE cuando estuviera al sol.

"Esto aumentó la densidad del primer AKE y permitió el envío de 1.100-1.200 kg de maíz en él. La aerolínea cobró el precio completo, lo que les permitió luego vender las posiciones ahora vacantes del segundo y tercer pallet, obteniendo más ingresos por cada kg enviado. Los cargadores ganan dinero al no pagar por el peso pivotante, logrando así un mejor aprovechamiento de la carga. Las terminales de carga receptoras no tienen que pagar los caros costes de retirada de residuos (150 libras por tolva de poliestireno en el aeropuerto de Heathrow) y los minoristas obtienen un producto de mejor calidad y con una vida útil más larga gracias a un mejor control de la temperatura. Ahora los pallets se aíslan térmicamente con espuma de poliestireno reciclable, que se recupera en Heathrow; no hay costes de eliminación. Tesco apoyó plenamente esta nueva solución y ayudó a compensar los costes de inversión con un gran programa nacional llamado "Sabor a Tailandia", que implicó la adquisición de una amplia gama de productos tailandeses para una promoción de más de seis semanas. Al evitar las pérdidas de producto y prolongar su vida útil, el proyecto se afianzó, y Tesco amplió la gama para incluir orquídeas tailandesas. La calidad del proceso fue tan buena que se ofreció una garantía de siete días de conservación en jarrón para las orquídeas enviadas mediante el proceso Coolcargo durante la promoción.

Chris calcula que, en volumen comprimido, la cantidad de poliestireno que se ha retirado del mercado británico equivale a dos edificios de 20 plantas, y el espacio que se ahorra a las compañías aéreas es de unos 27 aviones grandes estándar al año, liberándose así una capacidad de carga ya de por sí limitada. Ha sido un todo un éxito en materia medioambiental y se ha establecido una solución de manipulación integral sostenible y de alta calidad.

"Trabajo con un equipo de especialistas en el aeropuerto de Bangkok que realiza este valioso servicio a diario, y no hemos tenido ninguna reclamación relacionada con el proceso en 15 años. Esta solución permitió enviar productos a través de aeropuertos de Oriente Medio, ofreciendo a los expedidores tarifas de carga aérea más bajas que los vuelos directos. El producto en los AKE aislados puede permanecer en la pista durante varias horas, cubriéndose así los tiempos de transbordo. En general, la terminal de carga cobra aproximadamente 20 céntimos/kg por este servicio; sin embargo, el ahorro generado en toda la cadena de perecederos es de aproximadamente 2 USD/kg, evitándose además las reclamaciones, aumentando los ingresos de las aerolíneas, asegurando unas tarifas de flete favorables y reduciendo la generación de residuos de poliestireno de un solo uso. Por no hablar de los beneficios medioambientales y la menor huella de carbono asociada a la reducción de la pérdida de alimentos y los menores costes energéticos de la cadena de frío".

Para más información:
Chris Catto-Smith
Freshport Asia
Tel.: +66 81 7357617
[email protected]
www.freshport.asia

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